MILENIO





“Divulgar la doctrina del milenarismo, es un acto de desobediencia a Pío XII que prohibió enseñarla.”
 Esta afirmación gratuita de los difamadores y desconocedores del sentido literario de la Profecía, le endilga a Pio XII lo que no ha dicho ni hecho.
Vayamos al Decreto en cuestión:

“El sistema del milenarismo, aun mitigado —o sea, del que enseña que, según la revelación católica, Cristo Nuestro Señor ha de venir corporalmente a reinar en la tierra antes del juicio final, previa la resurrección de muchos justos o sin ella— no se puede sostener por ningún fiel católico ni enseñar .” 

Hay que aclarar que esta es la primera respuesta de la Sagrada Congregación del año 1941, pero pasado tres años se vio esta Congregación en la obligación de cambiar el adverbio “corporalmente” porque llevaba implícito un grave error contra el Dogma de la Presencia Real de Jesucristo en la Eucaristía, por tanto decretaron el siguiente, año 1944:

“En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio qué se debe pensar del sistema del milenarismo mitigado, que enseña que Cristo Nuestro Señor antes del juicio final, previa la resurrección de muchos justos o sin ella, ha de venir visiblemente a reinar en esta tierra.

     Propuesto el asunto a examen en la reunión plenaria del miércoles 19 de julio de 1944, los eminentísimos y reverendísimos señores cardenales encargados de la tutela de la fe y de las costumbres, oído previamente el voto de los reverendos consultores, decretaron responder que el sistema del milenarismo mitigado no se puede enseñar”.

Por tanto “el milenarismo mitigado que no se puede enseñar” tiene relación directa con la negación que Jesucristo reinará visiblemente. Es decir, que el Decreto dice que el milenarismo mitigado implica la presencia visible de Nuestro Señor, y es eso y sólo eso lo que no se puede enseñar, pero no está prohibido el predicar el Milenismo o Reino de Mil años como está revelado a San Juan y la  Iglesia Católica sostuvo como doctrina común aceptada durante los casi cinco primeros siglos en consenso unánime de los Padres Apostólicos


En conclusión, tenemos que ser terminantes y claros al decir que los difamadores y destructores del sentido literal de la Profecía en este punto al que confluye toda la Historia de la Iglesia y su Dogmática, se equivocan y hacen mal juicio de aquellos que sí predican el Reino Temporal de Jesucristo después de su Parusía en Gloria y Majestad.

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