LA MADRE DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA

MERETRIZ MAGNA, GRAN PROSTITUTA O RAMERA IDOLÁTRICA 

¿De qué estamos hablando? En el Apocalipsis aparecen Dos Mujeres: Una, coronada de estrellas, Parturienta, que gime con dolores de parto, Visión que se entronca y fue anticipada en la Sexta Iglesia: Filadelfia. La otra es de la que vamos a referirnos, es aquella  "Mujer" que San Juan vio en Visión, para "los tiempos del fin". Leamos la descripción de la que, en unión con el Falso Profeta o Bestia de la Tierra, "tiene cuernos como Cordero pero que habla como dragón", y se parece a Cristo pero es y está al servicio del Anticristo. La que es el resumen del fermento de los fariseos y la Sinagoga de Satanás, y que no está por venir, ya se ha instalado, está asentada sobre el poder político mundano con quien "fornica" de continuo, es decir, llevando a idolatrar a las Naciones. Engendro creado en las "profundidades de Satanás" y organizado en Cuerpo Místico del Adversario de Cristo por los "que no tienen su nombre escrito en el Libro de la Vida" y se complacen con "los ídolos que no son otra cosa que demonios" .
Leamos  con qué crudeza el Ángel describe y le revela a San Juan a la que ya había visto en la Visión de la Bestia que sale de la Tierra. No es la "cizaña", es la que siembra la cizaña, es la Otra, porque, como veremos, no pertenece  al "campo" del Pater familiae. Es la que ha sucumbido a las tentaciones que tuvo Cristo y adora a Satanás, es la que ha convertido "las aguas en sangre podrida" y abreva con ella a las Naciones con  "el vino de su prostitución", embriagándolas en la idolatría. No es "adúltera" porque nunca fue Esposa, es llanamente la Otra, pero es la que hace adulterar, " la que hace que la tierra y sus moradores adoren a la Bestia primera "( el Anticristo), " la que hace poner a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, una marca..."

Bueno, leamos de una vez:

"Ven acá; te mostraré el juicio de la ramera grande, la que está sentada sobre muchas aguas; con la que han fornicado los reyes de la tierra, embriagándose los moradores de la tierra con el vino de su prostitución." "Y me llevó a un desierto en espíritu; y vi a una mujer sentada sobre una bestia purpúrea, repleta de nombres de blasfemias, que tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y cubierta de oro y piedras preciosas y perlas, y llevaba en su mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y las inmundicias de su fornicación.
Escrito sobre su frente tenía un nombre, un misterio: "Babilonia la grande, la madre de los fornicarios y de las abominaciones de la tierra".
Y vi a la mujer ebria de la sangre de los testigos de Jesús; y al verla me sorprendí con sumo estupor." (Apoc. XVII, 1-6).

Es un grave error considerar que, aunque esta mujer es representante del mundo anticristiano, según San Agustín, y es en particular la que representa a la ciudad de Roma, como dice San Jerónimo, " la ciudad de las siete colinas", tenga, de ninguna manera, parte alguna con la Iglesia Católica, pues cuando el Ángel le explica el "misterio" de la Ramera, la Esposa ya había sido llevada al desierto, o, como dice la Santísima Virgen, "eclipsada", con lo cual son manifiestas dos cosas: no son la misma "Mujer", y la diferencia que existe entre las dos es abismal.
Identificar a la Ramera como siendo la Iglesia Católica que perdió la Fe es una blasfemia, y el principio de un cúmulo de errores alimentado por el "fermento de los fariseos", teólogos de sacristía, cegados por la luz que irradia la "Mujer revestida del sol", que les impide ver lo que tienen frente a sus narices.

Siendo esencialmente distintas, no poseen  sino realidades distintas. La Gran Ramera es la "madre" de los idólatras y de las abominaciones y aunque lleve un cáliz de oro, no esta lleno de Gracia, sino lleno de las inmundicias de su fornicación. Es una institución humana con espíritu diabólico que se presenta "ebria" de sangre de los mártires que ha mandado matar: los cristianos fieles que no recibieron "su marca". Nada tiene que sea católico, sino que como engendrada por Satanás, es engañadora y "embauca a los moradores de la tierra con sus prodigios", es la que "eclipsa", es la que se presenta sentada sobre los poderes de la tierra como oficialmente la "Esposa".
 Existe una imposibilidad infinita que pueda ofrecer el Único Sacrificio agradable a Dios. La Eucaristía, tanto como Sacrificio y como Sacramento, el cual es el centro hacia donde confluyen los otros Sacramentos.
Algunos, equivocados que no hacen la distinción esencial en ambas "Mujeres" , sostienen que en la Ramera pueda haber Gracia Santificante, al igual que como sostenía el impío y embaucador Woytila, alias Juan Pablo II, que "en las religiones no cristianas hay verdaderos sacramentos", siendo esta afirmación herética eco del "Conciliábulo" convocado por el masón Roncalli, alias Juan XXIII. Entonces dicen estos  que la Ramera puede engendrar verdadero hijos de Dios y herederos del cielo mediante un "bautismo" en el que no existe esa intención, que es exclusiva de la Iglesia Católica.
Sabemos, como lo enseña el Magisterio de la Iglesia que aún los herejes pueden hacer un bautismo válido, y que incluso en circunstancias extremas como el peligro de muerte, por ejemplo, cualquiera -incluso un judío- poniendo la intención de la Iglesia, podría realizar un Bautismo válido. 
Pero siendo la Ramera total y esencialmente la Otra, la contraria, Cuerpo Místico del Anticristo, habiendo sido gestada en el Infierno y dada a luz aprovechando la  Sede vacante, luego de la muerte de PioXII, y teniendo en su intención "eclipsar" a la verdadera Iglesia Esposa del Cordero, ocupando y usurpando todos los puestos y lugares vacíos por aceptación de una "jerarquía" sin cargo ni jurisdicción teniendo la intención de llevarlos a adorar al Inicuo Adversario de Cristo, a los fieles católicos les está prohibido comunicar en las cosas sagradas con los herejes y apóstatas de la Fe Católica, no se puede recurrir a la Ramera y, menos, en circunstancias normales a buscar, por ejemplo, el Bautismo, porque se cometería sacrilegio haciendo injuria al Sacramento y por tanto, grave ofensa a Dios.
Los "teólogos de sacristía" creen que sí, porque no han contemplado el secreto de la palabra "Misterio" que lleva sobre su frente la Ramera.

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