Para la festividad de San Pedro ad víncula.

Queridos hermanos, meditemos en este día todos los portentos que ha obrado la Providencia Divina y la Santa Iglesia Católica nos los propone a consideración para admirar el poder y la misericordia de Dios Omnipotente. Todo hoy es glorioso alrededor de la persona de San Pedro. Contemplemos cómo Nuestro Señor cuidaba a la Cabeza Visible de la Iglesia, por tanto nos sirva hoy de lección, no sólo para agradecer y admirar sino también para que elevemos nuestras oraciones al Príncipe de los Apóstoles para que nos de la fortaleza y la constancia de trabajar en honor suyo procurando la elección de su sucesor. Dios lo quiere!!!!

Bajo el reinado de Teodosio, el Joven, su mujer Eudoxia vino para cumplir un voto a Jerusalén donde recibió muchos presentes, entre ellos, una cadena de hierro ornamentada con oro y pedrerías, la cual, según se decía, era la que sirvió para encadenar a Pedro, por orden de Herodes. La emperatriz, después de venerar piadosamente la reliquia, la mandó a Roma para su hija Eudoxia, que la entregó al Pontífice. Este, a su vez, mostró a Eudoxia otra cadena con la que había sido atado el mismo apóstol en tiempo del emperador Nerón.

Al comparar el Pontífice la cadena romana con la que había sido traída de Jerusalén, se juntaron ambas tan perfectamente, que no parecieron sino una sola cadena fabricada por el mismo operario. Y tal veneración granjeó este milagro a aquellos hierros sagrados que, con el nombre de San Pedro en las cadenas, fue dedicada la iglesia que Eudoxia había levantado en el Esquilino. En memoria de esta dedicación, fue instituida una fiesta en las calendas de agosto.

La fiesta que en este día celebraban los gentiles en honor de sus celebridades profanas, se celebró en adelante en honor de las cadenas de Pedro, a cuyo contacto los enfermos sanaban y los demonios eran expulsados; es lo que sucedió en el año de gracia 969 de Jesucristo a un conde familiar del emperador Otón, que estaba poseído por el espíritu inmundo, y desgarraba sus carnes con los dientes. El Emperador mandó conducir al poseso ante el Papa Juan, y cuando la cadena tocó el cuello del conde, salió el mal espíritu y le dejó libre. Por este prodigio la devoción a las sagradas cadenas se propagó mucho en Roma.


 Levántate, Pedro, ponte tus vestiduras, y ármate de fortaleza para salvar las naciones.

 Porque han caído las cadenas de tus manos,

 Presentose un Ángel del Señor, y una luz brilló en la prisión, y tocando a Pedro en el costado, despertole, diciendo: Levántate al punto.

 Porque han caído las cadenas de tus manos.


 Tú eres el Pastor de las ovejas, el Príncipe de los apóstoles; Dios te ha dado todos los reinos del mundo.

 Por esto te ha confiado las llaves del reino de los cielos.


Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

16:13-19

En aquel tiempo: Viniendo Jesús al territorio de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el hijo del hombre? Y lo que sigue:


Homilía de San Agustín, Obispo.

Del sermón 29 acerca de los Santos.

Solo Pedro entre los Apóstoles mereció oír estas palabras: “Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Fue digno de ser para los pueblos que constituirían la casa de Dios, la piedra fundamental, la columna destinada a sostener el edificio, la llave que les abriría el reino de los cielos. Leemos en el sagrado texto: “Y traían sus enfermos para que, al menos al pasar, les cubriera la sombra de Pedro”. Si podía socorrerles la sombra de su cuerpo, ¿cuánto más ahora la plenitud de su poder? Si entonces aprovechaba a los que oraban el aire que movía estando de paso, ¿cuánto más debe aprovecharles su gracia, ahora que está fijo en el cielo? Todas las Iglesias cristianas consideran más precioso que el oro el hierro de las cadenas con que le cargaron.

Si medicinal fue la sombra de Pedro al pasar cerca, ¿cuánto más lo serán sus cadenas para quienes se las apliquen? Si el fugaz paso pudo curar; ¡cuánta mayor virtud no comunicaría a las cadenas que le afligieron, el contacto de sus miembros donde la presión del hierro imprimió sus señales! Y si tanto poder tuvo antes de su martirio para aliviar a los que le invocaban, ¡cuánto mayor lo tendrá después de su triunfo! ¡Bienaventuradas cadenas, que de esposas y vínculos se convertieron en corona, y que hicieron del Apóstol un Mártir! ¡Bienaventuradas cadenas, que condujeron a su cautivo hasta la cruz de Cristo, no tanto para hacerle sufrir la muerte como para inmortalizarle!


Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?, preguntó a sus discípulos. Y Pedro respondió, diciendo: Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo.

 Y Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

 Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan, porque estas cosas no te las ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

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