Examen particular.
Es una lucha espiritual contra un
vicio o un hábito determinado, y consiste en: 1: un propósito de no caer en él;
2: un vigilante cuidado de evitarlo; 3: examinar la conciencia todas las noches
y si es persistente, al mediodía también. 4: anotar las caídas diarias.
Causas por las que nace
el descuido de este examen.
Punto primero:
+ La persona vive contenta con una
mediocre virtud sin querer aspirar a la cumbre de la perfección, y
+ No desea desarraigar los defectos
pequeños.
Punto segundo:
Desconfianza en alcanzar la
perfección por:
+la rebeldía de la propia naturaleza.
+la vehemencia de las pasiones.
+la fuerza de los malos hábitos.
+las excusas.
Remedios.
+Desear la santidad: el que quiere el
fin, quiere los medios.
+Mirar el ejemplo de los Santos y
aprender sus enseñanzas, no nacieron santos, se hicieron.
+Recurrir a la oración y a los
Sacramentos (si puede, y si no puede, el deseo de ellos).
+No engañarse: Las virtudes sólidas
se alcanzan con la repetición de sus propios actos en la lucha contra los
hábitos contrarios o viciosos. Es necesario conocerlos para combatirlos y estar
dispuesto a hacerlo.
Reglas para elegir la
materia del examen particular.
+Mientras acerca de un vicio haya faltas exteriores que puedan desedificar
al prójimo hay que empezar por ellas, y después por las interiores, y antes por
las obras que por las palabras.
+Los que vivieron esclavizados por
los vicios sensuales más que por los espirituales (como son soberbia,
vanagloria, envidia, etc.) han de comenzar con la mortificación de los
sensuales, empezando por el de la gula.
+Después de la gula hay que vencer
los demás vicios sensuales y luego la avaricia, la ira, la tristeza y la
pereza, porque en todos ellos el anterior engendra al siguiente.
Principales vicios para combatir.
1: GULA:
+No comer fuera de tiempo.
+Preferir las comidas comunes a los
exquisitos y bien preparados.
+Comer con templanza y no hasta
saciarse.
+Dominar el apetito absteniéndose de
aquello que más le guste, y si alguna vez bebe vino sea con moderación.
+Cuando esté en público actúe
normalmente, sin llamar la atención, evitando la singularidad y la apariencia
farisaica, que es la hipocresía.
2: LUJURIA:
+Esforzarse por mantenerse lo más
alejado posible de las ocasiones, guardando los sentidos: ojos, oídos, tacto, y
aún de los pensamientos.
+No asistir a espectáculos, ni hacer
lecturas, etc. Y toda cosa o persona que sepa o juzgue peligrosa.
+Recuerde lo que dice la Escritura:
“Por los ojos entró la muerte”.
3: AVARICIA:
Se ha de refrenar:
+Evitando toda usurpación injusta o
fraudulenta-
+Restituyendo lo mal adquirido.
+Poniendo límites al amor del confort
y del lucro, aún del lícito, para “no caer en el lazo del Diablo” como enseña
San Pablo, que empieza a tentar por la codicia.
4: IRA:
+Se reprime no tomando venganza
alguna, ni procurando con la voluntad o la intención devolver mal por mal.
+En presencia del ofensor abstenerse
de palabras injuriosas y punzantes.
+No levantar la voz por la
alteración.
+No estar deprimido por la tristeza o
aversión.
+No evitar el trato con el ofensor:
en esto hay que tener presente que se puede pecar contra la caridad gravemente.
5: TRISTEZA:
+La ira adormecida deja tristeza en
el corazón, la tristeza deja acidia (pereza) o repugnancia al recogimiento, y el
espíritu disipado al no encontrar dentro de sí el descanso y reposo, lo busca
fuera de sí con diversiones y distracciones, haciendo que no sea señor de sí
mismo.
+El afectado de este vicio ha de
escrudiñar bien su conciencia y ver si está tranquila y segura, si siente
dificultad en sentirse culpable o tal vez en evitar la recaída en ella; y si
siente por ello que la tétrica tristeza oprime y tortura su corazón, y resuelva
cuanto antes quitar eso de su conciencia.
6: VANIDAD Y SOBERBIA:
+La vanagloria es el deseo de buena
fama y alabanza humana.
+La soberbia es el deseo de la propia
excelencia y de ostentarse en cosas grandes y admirables, por eso ambiciona
primacías y se jacta de sus talentos y habilidades, y aún de otros que finge
tener, y está muy lejos de atribuir a Dios lo que tiene, de cuyo uso habrá de
dar estricta cuenta.
Para acertar en la
elección sirven los avisos siguientes.
+Qué vicio de los que tiene está más
expuesto a mayor escándalo.
+Cuál tiene que de él se sigan u
originen otros varios como efectos de tal causa.
+Cuál proviene de una pasión e ímpetu
vehemente que arrastra a frecuentes caídas.
+Si cree, considerando el propio
estado, los trabajos en que se ocupa, las personas con que trata, y las
propensiones que siente, que por estas causas se encuentre en ocasión y
dispuesto a incurrir en pecado.
+De la misma manera deben pensarse
las virtudes para ver cuál es la que le conviene más para practicar; examinando
cuál es la más conforme al propio estado, cuál la más adecuada a las propias
ocupaciones, cuál remediará más el vicio en que suele recaer, cuál resiste y
combate más y mejor a su pasión dominante.
Examen Particular.
Primer punto:
Propósito de enmienda: Es la firme
determinación de la voluntad. Dice “firme” porque se trata de vencer el vicio que
más daño está haciendo para la salvación del alma, o de conseguir la virtud que
necesitamos con más urgencia.
Meditar para proponer. Proponer para
ejecutar. Ejecutar para conseguir.
Se han de evitar dos extremos:
1:
+creer que con proponer una vez ya
está vencido. El Diablo inspira a los presumidos un fervor inflexible para que
el mismo rigor degenere en relajamiento, luego lleva a la tentación de
desconfianza, para:
+dejar las armas
+tener por imposible la perfección y
propia santificación
+volver al camino ordinario de los
mundanos.
El Diablo induce a cada alma a
aquella parte a la que la ve más inclinada para llevarla al otro extremo. Hay
que proceder de modo contrario del que procede el Diablo, si quiere engrosar al
alma, procurar adelgazarla, si quiere atenuarla, procurar afirmarse en el
medio: proponer con fervor y resistir virilmente al vicio que quiere combatir.
Si hay caídas en el combate, se las
debe remediar con la penitencia.
Hay que ir disminuyendo los vicios
poco a poco, atacar al más fuerte así los otros se debilitan.
2:
Flojedad.
El flojo nunca propone nada cierto y
determinado y se entrega al influjo e impulso de sus inclinaciones y a la
corriente de sus pasiones.
Jamás podrá encontrar la libertad del
corazón.
El propósito mientras sea constante
se hace firme, dirige sus acciones y defiende contra las tentaciones. No sólo
es necesario hacer propósitos, sino también renovarlos y después descargar el
alma en Dios, y si puede y tiene acceso, a la confesión y penitencia.
Cinco propiedades que
ha de tener el buen propósito:
1.
Materia determinada
2.
Discreción, para que pueda ser puesto
en práctica
3.
Firmeza, para que no se disipe
fácilmente
4.
Humildad, para que no estribe en las
propias fuerzas
5.
Aumento cotidiano, para subir a la
cumbre de la perfección.
Explicación de las propiedades
1: La materia: tiene que ser
determinada y concreta, no general y vaga.
2: Debe ser discreta, o sea,
proporcionada a las fuerzas presentes tanto corporales como espirituales, y
prudente al ejecutar.
3: Debe ser firme, es decir, que no
debe ser cambiada fácilmente, esta firmeza se refiere tanto al tiempo de
proponer como el de ejecutar. Sean los propósitos firmes, magnánimos y tomados
con gran resolución, que dure pujante todo el tiempo de la ejecución. Los que
se desvanecen en la ejecución es, o porque sin suficiente motivo se retracta el
propósito, o cuando conservando el propósito al tiempo de ejecutarlo se
quebranta la resolución por flaqueza y flojedad de la voluntad, cobarde ante la
dificultad.
4: La humildad conduce tanto a la
firmeza del propósito cuanto a la solidez del fundamento que sostiene todo el
edificio espiritual. Señal de propósito humilde es buscar fuerzas en la
oración, meditación, invocación de los santos, asperezas y penitencias
corporales (según las propias fuerzas físicas y espirituales).
5: Excitarse cada día a mayor
perfección, porque es necesario para adelantar en este camino. Quien no avanza,
retrocede:
+unos con esfuerzo
heroico aspiran a la perfección y cuanto más adelantan más quieren crecer.
+otros pretenden llegar
hasta cierto grado de virtud: vida común y ordinaria, sin remordimiento de
conciencia y con esperanza de salvarse.
+otros ni aún a esto
aspiran. Sólo quieren conservar el nombre de buenos, y evitan lo que los puede
desacreditar y se contentan con no escandalizar.
GRADOS:
1: Los que empiezan y
se ocupan en purgar sus defectos es bueno que propongan domar la rebeldía de
las pasiones castigando la carne con ayunos, dormir sobre duro, disciplinas,
etc.
2: Los adelantados propongan
obedecer a la luz de las inspiraciones divinas y según esa luz ordenar su vida
y acciones.
3: Los perfectos que
han renunciado a todo lo creado y se han levantado sobre sí mismos para unirse
con Dios a través del Verbo Encarnado, y gozan de Él.
SEGUNDO PUNTO.
Hay que tener el
cuidado y la vigilancia durante el día de ir ejecutando el propósito de la
mañana.
La muerte del propósito
de la mañana se puede deber a dos causas:
+o a la materia misma
del propósito por razón de la dificultad que ofrece ejecutarlo.
+o al mismo que
propone, cuando por descuido se olvida de su propósito, de donde resulta que
sin advertirlo se deja apartar del propósito por el impulso de la costumbre o
por la propensión de la naturaleza. Hay que ser solícitos en no olvidar el propósito.
Hay que ser fervorosos para cumplir con fortaleza lo determinado.
‘ ”Solícitos” en huir
de las ocasiones de caer en aquel defecto o pecado.
‘ ”Fervorosos” si la
ocasión no puede evitarse.
+Para que el “fervor”
se constante, conviene saber tres cosas;
1: Proponer por un
tiempo corto, como por sólo medio día.
2: Renovar con
frecuencia el propósito.
3: No desanimarse al
verse vencido y seguir el combate.
+El “examen” debe
hacerse dos veces por día: al mediodía y a la noche. Cada vez que caiga en ese
pecado o defecto que quiere desarraigar, hay que renovar el propósito de
vencerlo, en seguida.
SIETE AVISOS IMPORTANTES PARA EL EXAMEN
+Tres momentos:
1: Proponer luego de
levantarse.
2: Examinar antes de
comer al mediodía.
3: Examinar después de
cenar o antes de descansar.
NOTA: No basta
averiguar los defectos y su número, sino que también hay que examinar las
ocasiones para evitarlas (cuando es posible).
CUATRO CONSEJOS PARA
QUITAR MÁS RÁPIDO EL DEFECTO:
1: Cada vez que cae,
ponga la mano en el pecho y duélase de haber caído.
2: Mire a la noche si
hay enmienda en ese mismo día.
3: Comparar el segundo
día con el primero y ver si de un día para otro se ha enmendado, y continuar
sin desfallecer.
4: Comparar una semana
con otra. Dolerse o agradecer, según el caso.
IMPORTANTE:
+Prefiera desarraigar
vicios o defectos primero que plantar virtudes. Un hábito se vence con otro
hábito. De a uno. Si propone mucho lo más probable que no haga nada.
+Poner un plazo corto,
no para toda la vida, sino un mes desde empezar, y así sucesivamente.


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