La Luna

 Yo quiero saber de cierto, si es bueno o no, el sistema celeste relativamente nuevo, que vulgarmente se llama “heliocéntrico”. No tengo que hacer otra cosa, sino ver si se explican bien, de un modo físico, natural, fácil y perceptible, todos los movimientos y fenómenos, que yo observo clara y distintamente en los cuerpos celestes. Yo observo clara y constantemente, sin mudanza ni variación alguna, que las estrellas, por ejemplo, aparecen a mis ojos siempre iguales a sí mismas y fijas en la cúpula celeste,  observo que se mueven todas juntas en torno a un punto central, que es la estrella Polar, situada justo sobre el polo norte. A este modo observo otras cien cosas, bien fáciles de observar, las cuales, aunque ignoro –pero no tanto- como serán, no por eso puedo dudar que son.

 Quiero, pues, entender éstas y otras cosas semejantes del sistema heliocéntrico. Pido esta explicación a los filósofos y astrónomos más celebrados: Galileo, Newton, Einstein etc... Veo los esfuerzos inútiles que hacen para darles alguna explicación, oigo las suposiciones que procuran establecer, todas arbitrarias, inverosímiles e increíbles. Contemplo con admiración los excéntricos y los epiciclos y las curvaturas, y un sinnúmero de teorías indemostrables, en los que se acogen por refugio para afianzar sus engaños y mentiras como verdades irrefutables. Después de todo, certificado en fin, de que en realidad nada explican, de que todo es una confusión y caos , y una algarabía ininteligible, con esto solo quedo en verdadero derecho para pronunciar mi sentencia definitiva, diciendo, que el sistema no puede subsistir, que es conocidamente falso, que se debe proscribir, y desterrar para siempre de la compañía de los sabios, tenga, pues, los defensores o creadores que tuviere, cítense autoridades a millares de todas las librerías del mundo; yo estoy en derecho de mantener la conclusión, cierto y seguro de que el sistema es falso, que nada explica, y los mismos fenómenos lo destruyen.

Consideraciones.

 

 Las fases lunares, a veces no se ve la parte que falta, sino el cielo, y otras sí.

 Tampoco parece que reciba la luz del sol, por varias razones: en las fases muchas veces se ve la parte "iluminada" en oposición a la luz del sol. Además, es luz blanca sin potencia para ver con claridad los colores que se ven con la luz solar. En cuanto al Sol ha sido creado para iluminar el día, pero como no hay oxígeno en la zona donde se mueve, no puede haber combustión, por tanto, no es una bola de fuego, y lo que provoca el calor es la acción de la atmósfera que produce el calentamiento del aire. Por eso la noche es fría, razón por la que la Luna no recibe la luz del sol, que es blanca y cálida, y la de ella es blanca y fría.

 Dios creó "la luz" en el primer día, antes de crear al sol y a la luna, en cuanto energía pura sin sustrato en la materia. En el día cuarto condensó esta energía en las dos lumbreras, pero de forma distinta en cada una de ellas. (Ver capítulo I del Génesis). Las cuales tienen una doble función: primera para indicar a los hombres los meses y los años y las estaciones del año, y segundo iluminar el día y la noche.
Hoy todavía la fiesta de Pascua se rige y fija por la luna:
 (el domingo inmediatamente posterior a la primera luna llena tras el equinoccio de marzo. En este sentido, la Pascua puede celebrarse entre los días 22 de marzo y 25 de abril. Dicha fecha es necesaria a la hora de calcular las fechas de otras fiestas religiosas, como el Pentecostés y la Ascensión.)  Del mismo modo el Martirologio Romano se rige por la luna.

(Un tipo de calendario lunar, también es utilizado por los agricultores para seguir las diferentes tareas del huerto en función de las fases lunares,  o incluso para saber qué tipo de comida es mejor teniendo en cuenta la innegable influencia de la luna).

 Son estos dos grandes "condensadores" de energía electro-magnética los que hacen posible la vida sobre la tierra, pero son distintos, aunque ambos tengan la misma finalidad que les dio el Creador, pero el Sol no es fuego, ni la Luna recibe luz del sol, sino que la tiene propia.  No es fácil entender las fases lunares...el cómo crece y decrece no habiendo nada que se interponga para que se produzca eso. No hay parte faltante en la luna. siempre está entera, la zona no iluminada es la que vemos y que se llaman fases, pero ellas no son provocadas por ninguna sombra proyectada ni porque el sol no llegue a iluminar la parte faltante, pues la luna tiene luz propia, no necesita al sol para brillar. Estaba mirando la luna todos estos días y me quedé pensando que la luna tiene un movimiento de traslación y de rotación circular sobre sí misma (este movimiento es muy particular al ser un disco su superficie, por eso al ser circular y no esférica no se puede ver el otro lado), por tanto es absolutamente imposible que ningún "astro" ni menos la tierra al "proyectar" su "sombra”, como quieren los del sistema heliocentrista, esa “sombra” vaya siguiendo el movimiento rotatorio de la luna porque tendría que moverse al mismo tiempo que ella, y esto es un imposible y un absurdo.

 Además, tenemos vestigios de su "movimiento" interno tomando como ejemplo el ciclo de la mujer, el cual no es racional – no tiene que pensar ni querer para que suceda-, así como tampoco hay que pensar para que los pulmones se llenen de oxígeno. Puede tratarse de un movimiento generativo perpetuo. Me refiero a su ciclo de 28/9 días en los que influye en la vida terrestre. La Luna no es una roca, ¿qué impediría que tuviera esos cambios en su naturaleza tan sólo para hacer lo que Dios le impuso hacer hasta que se cumpla su finalidad?, porque dice Nuestro Señor que la luna en algún momento no alumbrará. Por supuesto que, siempre pensando en la realidad del Creacionismo, no en el absurdo e incomprobable modelo heliocéntrico.

 Lo que estoy haciendo es considerar, son hipótesis basadas en el dato empírico simplemente. Pero como toda ciencia empieza averiguando las causas, es absolutamente lícito dudar de lo que no está probado, y preguntarse si, dado que la Luna no es una roca ni un satélite de la tierra, sino una de las "lumbreras" que puso Dios en "lo sólido" (que eso significa "firmamento"), y que no recibe su luz del sol, porque el día primero de la Creación Dios creó "la Luz" sin soporte material, es decir pura energía, que después condensó en el sol y en la luna para que sirvieran durante el día y durante la noche. La luz es la forma más excelente de la energía, y también se la dio a la luna, por tanto, el sol tiene la suya lo mismo que la luna, aunque en forma distinta.

 La luna tiene el mismo ciclo que la mujer: 28/9 días, que se repiten. Cuando hay fecundación del óvulo, el "movimiento" de la ovulación cesa durante 9 meses, pero después continúa.

 Entonces como en la Luna pasa algo similar, su ciclo dura 28/9 días, por tanto, nada impide –ni en su naturaleza ni, menos, en la potencia divina- que tranquilamente tenga esos cambios por sí misma, dotada de regeneración propia perpetua, termina un ciclo y empieza otro, como si durante ese mes se fuera "gastando", que por eso no se ve la parte que falta –porque, aunque esté, está a oscuras, tanto cuando está en menguante o en creciente.  No es una piedra, y tranquilamente puede ser de cualquier sustancia, pero siempre reflejando en sí misma la forma de los continentes de la tierra, porque la tierra no varía. "Asentaste la tierra sobre sus cimientos, y no vacilará jamás" (Salmo 103,5)

 Pero el asunto del planteo es: si entre el sol y la luna no hay ni puede haber nada que produzca sombra sobre ella, ¿cómo se producen las fases?

 Porque posee en su naturaleza un movimiento propio y perpetuo puesto en ella por Dios. "Hiciste la luna con sus fases" (Salmo 103,9). Por esta razón la luna fue creada para medir los meses, por eso son muchos los que quieren volver a mes lunar, porque fue establecido por Dios, "para señalar los tiempos" mediante sus fases.

Con respecto al sol dice la Escritura en el salmo 185-7: "...Allí (en los confines del orbe) le puso tienda al sol, que SALE como un esposo de su tálamo, y se lanza ALEGREMENTE cual gigante a recorrer su carrera. Parte de un extremo del cielo, y su GIRO va hasta el otro extremo; nada puede sustraerse a su calor." Aquí no se habla de puntos cardinales. Mientras el sol "recorre" su "giro", su movimiento no se retrasa, en cambio la luna sí, estando en cuarto creciente, desde que la vemos desaparecer de nuestra vista tarda unos días más, y otros días menos y en otros aún menos. Lo cual indicaría que no tienen las "lumbreras" un movimiento parejo, y es esto justamente lo que marcaría el cambio de estaciones. Esta comprobación me lleva a pensar que no podrían estar fijas en el firmamento, entonces, ¿Cómo pueden sostenerse "suspendidas” dentro de la bóveda sabiendo que la “ley de la gravedad” es una pura invención y no tiene ningún sentido? Es pura teoría que tiene en contra una verdadera ley natural, que es la densidad, que hace que los cuerpos caigan por su peso y no porque sean atraídos. Por tanto, debe ser arriba como es abajo, es decir tienen que estar “flotando” en un ambiente acuoso, que les permita el desplazamiento continuo y perpetuo, sin precipitarse a la tierra. La “ingravitación” en el espacio es algo que nadie ha demostrado… Se puede comprobar también que el movimiento de las estrellas es distinto al de las “lumbreras”, se mueven todas juntas junto con la bóveda porque están fijas en ella. Mirándolas desde un telescopio, por ejemplo, se descubre que no están a años luz de distancia, y que por el brillo que emiten se puede ver perfectamente cómo están en ese mismo ambiente, acuoso y ondulante, con semejanza a las “olas”. Son millones las estrellas que Dios ha puesto fijas en el firmamento, y observándolas con un telescopio se ve en su naturaleza una composición de círculos concéntricos, tal como si se tratara de una placa electrónica, al punto de llegar a pensar que todo el firmamento estelar se asemeja a un circuito eléctrico desde donde proyectado a las aguas de arriba pudieran provocar el movimiento de las aguas, y el de ellas, los del sol y los de la luna. ¡Contemplar esto provoca admiración por el orden y perfección y que siempre sea igual sin sombra de variación a través de los siglos: ¡donde vemos una estrella ahí estuvo, está y estará todo el tiempo igual!

 Lo que diré ahora fue expresado por Santo Tomás al escribir sobre la Creación. Aunque no siempre sean sus palabras, sí lo son sus ideas. Que los cuerpos celestes son movidos por alguna sustancia superior, y no sólo por naturaleza, resulta claro por el hecho de que la naturaleza no se mueve más que hacia un lugar, en el que, una vez que ha llegado, reposa, como pensaba Aristóteles. Esto no se da en el movimiento de los cuerpos celestes del sol y la luna. Por eso hay que concluir que se mueven por alguna sustancia aprehendente, es decir, que las “contenga” en alguna forma retenidas en el medio en que se mueven.  Dios obra en las cosas como causa primera, sin que por eso resulte superflua la operación de las criaturas como causas segundas.

Algunas cosas pertenecen, por su propio movimiento, a la ornamentación. Y con respecto a esto, los astros luminosos del cielo coinciden con aquellas otras cosas que pertenecen a la ornamentación; porque son movidos por una sustancia viviente.

 Nada impide que, en cuanto tal, algo sea de más categoría que otra cosa; y, sin embargo, con respecto a algo, no serlo. La forma del cuerpo celeste, aun cuando, en cuanto tal, no sea de más categoría que el alma animal, sin embargo, lo es con respecto a la razón de forma; pues completa totalmente su materia, que no está en potencia para recibir otra forma, como por ejemplo, el sol o la luna o las estrellas, ya están completas : la composición de materia prima de los astros está fundada en su corporeidad, en su realidad de entes sensibles, y les es asignada una materia cuya forma colma toda potencialidad, y por eso son incorruptibles; contrariamente, los cuerpos terrestres están sometidos a la generación y la corrupción y por ello tienen una materia diversa a los cuerpos celestes. De modo que mientras que las formas separadas no son sensibles, sino inteligibles en acto —el caso de los ángeles—; los astros son sensibles, compuestos de materia y forma, y afectados solo por el movimiento de traslación, como sucede con el sol y la luna. Y en cuanto al movimiento, también los cuerpos celestes son movidos por motores de mayor categoría. Dado que los cuerpos celestes son incorruptibles, sus formas no admiten ningún contrario y no pueden separarse de sus respectivos sustratos materiales. De manera que la materia celeste no puede estar en potencia respecto de cualquier forma, pues esto implicaría su posibilidad de corrupción. La conclusión se impone: la materia constitutiva de los astros no puede tener la misma potencia pasiva que la materia de los cuerpos terrestres.

 El cuerpo celeste, al ser motor movido, tiene razón de instrumento que actúa en virtud del agente principal, que es Dios que obra como causa primera. De este modo, partiendo del poder de su motor, que es una sustancia viviente, puede causar vida o conservarla, siendo tanto el sol como la luna y las estrellas cuerpos celestes que hacen posible la vida en la tierra, con su luz, su calor, sus influencias, sus movimientos, etc.

 El movimiento del sol y de la luna es natural, no por un principio activo, sino pasivo. Es decir, porque en su naturaleza está la aptitud para que tal movimiento sea causado por un entendimiento. Dios es causa de las acciones no sólo en cuanto da la forma que es principio de la acción, como se dice que es causa del movimiento de los cuerpos pesados y ligeros que es quien los produce, sino también en cuanto que conserva las formas y las potencias de las cosas, como se dice que el sol es causa de la presencia de los colores en cuanto da y conserva la luz por la que éstos pueden ser vistos por la potencia del ojo.  Dios no sólo da las formas a las cosas, sino que también las conserva en el ser, y las aplica a obrar.

 Se dice que el cielo se mueve a sí mismo en cuanto que está compuesto partiendo del principio del motor y del móvil, y no como lo están la materia y la forma. Y en este sentido, también puede decirse que su motor es principio intrínseco, por tanto, el movimiento del cielo es natural por parte del principio activo; de la misma manera que se dice que el movimiento voluntario es natural al animal en cuanto animal.

 

 

Moverse y obrar por un fin es algo que sucede de dos maneras. Una, dirigiéndose a sí mismo el que obra, hacia el fin, como lo hacen el hombre y las demás criaturas racionales. Este modo exige el tener concepto del fin y de los medios o cosas que son para tal fin. Otra manera es cuando las cosas tienden al fin movidas o dirigidas hacia él por otro. Ejemplo: La bala es lanzada en dirección al blanco por el tirador, que conoce el fin que la bala desconoce. Así, pues, de la misma manera que el movimiento de la bala hacia un punto determinado indica claramente que es dirigida hacia él por alguien que conoce este punto, así también, el curso regular y constante de los seres naturales, por ejemplo, el sol, la luna y las estrellas, es una prueba evidente de que el mundo está gobernado por una inteligencia.

 En todo ser creado hay algo permanente, al menos la materia prima, y hay algo también sometido a movimiento, siempre que bajo el concepto de movimiento se incluya la operación. Para lo uno y para lo otro las cosas tienen necesidad de ser gobernadas; pues hasta la misma materia que hay en ellas permanentemente, volvería a la nada, de donde salió, si no fuera preservada por la mano de quien la creó y rige.

 Esta misma necesidad natural inherente a las cosas que están determinadas a un fin es algo estampado en ellas por la acción de Dios que las dirige, como la necesidad con que está impulsada la bala para dirigirse a un blanco es un efecto del que la dispara y no de ella misma. Lo que las criaturas reciben de Dios, les es natural. De ahí que, como la acción violenta en el movimiento de la bala manifiesta la dirección del que dispara, así la acción natural de las criaturas demuestra el gobierno de la Providencia divina.

Según esto, consideremos a la Luna, si sus fases, su movimiento de traslación y de rotación circular sobre sí misma y la influencia que ejerce sobre los otros seres, no sólo racionales, responde a su propio ser o es a causa de otro. Siendo que su ser está compuesto por materia y forma completas parece conveniente que hubiera que descartar en ella una forma sensitiva y una forma racional, aunque no pareciera carecer de una cierta forma , que en ella, sin dejar de existir, se renueva cada mes, por lo que parece que no perteneciera al reino mineral ni al racional, y vemos, que aunque no lo haga por propio impulso, sino impreso en su ser, sin embargo su movimiento de fases y de traslado es a causa de otro, y ese es Dios, que a través de su Providencia ha estampado en su naturaleza un ciclo con semejanza al ciclo femenino, que de no haber fecundación, se vuelve a repetir mes a mes. No es una roca ni el satélite de la tierra, sino que el fin con el que el Creador la ha dotado es el de iluminar la noche, marcar las estaciones y tener influencia física sobre los seres vivos mediante el ciclo de sus fases que obedece a una ley impuesta en su ser por Dios. En el reino vegetal también existe un movimiento inherente a cada ser, que, sin ser voluntario, es natural: una semilla se hace árbol.

Vamos a tratar de investigar cómo se producen sus fases, a qué obedecen, si a sí misma o a otra cosa, aunque de entrada descartamos que se trate de una sombra que proyecte sobre ella cualquier objeto interpuesto con el sol, y si sus manchas responden a algo específico propio o si, por el contrario, son reflejo –siempre el mismo sin variación desde el cuarto día de la Creación hasta el final- de los continentes de la tierra.

 Si por firmamento se entiende el cielo sideral (también conocido como espacio sidéreo, hace referencia al sector del firmamento que se ubica arriba de la atmósfera de la tierra. Suele considerarse que comienza a los 80, 100 o 120 kilómetros de distancia respecto a la superficie terrestre), las aguas de arriba no son de la misma especie que las de abajo. Si por firmamento se entiende el aire nublado, entonces ambas aguas son de la misma especie. Y entonces se asignan dos lugares para las aguas, pero no por la misma razón.

 Si se admiten diversas aguas según la especie, se dice que el firmamento separa unas aguas de otras, pero no como causa de tal división, sino como límite de ambas aguas.

 Moisés (que escribió la Obra de la Creación), debido a que el aire, el éter y otros cuerpos semejantes eran invisibles, los incluyó todos en el nombre de aguas. Resultando evidente, de este modo, que, en cualquier parte del firmamento, se entienda como se entienda, hay aguas. De hecho, el aire es un fluido, o sea tiene consistencia, aunque blanda y adaptable, pues contiene vapor de agua, además del nitrógeno y el oxígeno y el argón, que es un gas.

 Lo que sucede es que Moisés está escribiendo a gente ruda y debía evitar que, al nombrar algunas cosas, las considerasen dioses y las adoraran.

 


 Cuando la luna está creciendo, y como tiene influencia sobre los seres vivos, tal vez sea por eso la "demora" o lentitud que tarda en su traslación. Aparece "panzona". Lo mismo se observa en la otra fase. No existe ningún objeto que deje su "sombra" en la luna en forma convexa, y menos la tierra (que para la teoría heliocéntrica es esférica y su sombra necesariamente es siempre cóncava). Por eso la misma luna desmiente esta concepción, (que no tiene más entidad que en la razón febril y delirante de sus “creadores”, y no en la realidad) porque en "creciente" crece como una embarazada, para afuera, hasta completarse, y en menguante hace lo mismo hasta llegar a “luna nueva”. Se observa además que en un período de estos ciclos su luz marca una línea recta, cosa que ningún objeto cóncavo podría provocar con su “sombra”.



 Si la tierra proyectara su "sombra" sobre la luna, las nubes pequeñas que la cruzan, lo cual se puede observar a simple vista algunas veces, por delante y por abajo deberían oscurecerse...y no lo hacen...claro, porque no hay sombra que se proyecte. Lo mismo sucede con las estrellas que, aun estando más distantes que ella, sin embargo, no quedan a oscuras.

 Está enfrentada al sol en sus ciclos y, siendo, como es, un disco, el sol no la "ilumina". La zona que no se ve de la luna todavía no creció en luz, además que no necesita al sol para brillar, porque tiene luz propia desde su creación, aunque menor a la del sol. En el final de sus fases hay dos o tres días que no se la ve en el firmamento. Si fuera que es el sol quien la iluminara, no habría posibilidad de esta observación, pues no habría día que no brillara. Y cuando se logra ver, apenas es una delgada línea curva de luz, tanto en creciente como en menguante.

 ¡Es tan fácil aceptar que nuestros sentidos no nos engañan! Mucho menos que los aparatos como el telescopio o los binoculares astronómicos pudieran ser engañados.

Es que las fases lunares desmienten el sistema heliocéntrico, la esfericidad de la tierra y el espacio infinito.

 En todos esos puntitos brillantes en la Luna, y en la zona de mayor luz hay como unas ramificaciones conectadas con puntos centrales más grandes. Como si fueran dendritas de un sistema nervioso. Analizando la composición de las "aguas marinas" o medusas hay cierta analogía porque no tienen cerebro ni corazón, se basan en receptores nerviosos para ayudarse a sobrevivir.

 Si la Luna vive en un estadio de “las aguas de arriba” su composición bien podría ser parecida, no tendría cerebro ni corazón, sino que sus contracciones y despliegues serían ocasionados por una especie de sistema nervioso central específico. Esto sería inherente a la forma incorruptible que corresponde a su materia dada por el Creador. En esta consideración no existe imposibilidad metafísica.

 Lo que sí se descubre como cierto es que no es una roca y las fases es ella misma quien las causa, por supuesto con esa finalidad estampada en su ser por el Creador. Cuando en las cosas naturales sucede algo fuera del curso ordinario de su propia naturaleza, puede ser de dos modos. Primero, por la acción de alguien, o sea, como si el hombre moviera una piedra pesada hacia arriba, dirección hacia la que la piedra no tiende; esto va contra la naturaleza. Segundo, por la acción de alguien del que depende la acción natural; esto no va contra la naturaleza, como en el caso del flujo y reflujo del mar, que no va contra la naturaleza, aunque no sea según la condición natural del agua -que tiende a estabilizarse procurando siempre el nivel- pues esto proviene de la influencia de los cuerpos celestes, especialmente de la luna.  Nada de esto es posible ni en el evolucionismo ni en la teoría del bing-bang, pero sí perfectamente posible en el Creacionismo estacionario.

 La finalidad y la razón de ser de la luna está dada en el Génesis.

 El estudio de la Luna es capital. Contemplado a simple vista los días de sus ciclos se ve que tiene rutas distintas.

 Desde que comienza el cuarto creciente aparece en el firmamento por sitios distintos, a veces se demora más unos días que otros, al principio pareciera que corre, otros ni se mueve....

 Nada en la Creación ha sido por azar, sino que, habiendo orden, necesariamente todo tiene que estar subordinado al fin que la Mente divina se propuso al crear. Cabe señalar aquí que, aunque, la creación sea obra exclusiva de Dios, sin embargo, no es un milagro, porque no es algo que pueda producirse naturalmente por otras causas, pues la Creación ha sido hecha “de la nada”, es decir que fue hecha antes que existiera algo. (Dios al crear da el ser completo: la esencia y la existencia). Y, por lo tanto, la Creación no acontece insólitamente fuera del orden de la naturaleza, puesto que no cae dentro del poder de la misma. Antes de la Creación no existía la “naturaleza” ni ninguna otra cosa. ¿Para qué crear las fases de la Luna? Se dan en los cuerpos más movimientos locales que los que proceden de sus formas, como el flujo y el reflujo del mar, que no proceden de la forma sustancial del agua, sino del influjo de la luna. Ella fue creada para varios fines, entre ellos el que tuviera influencia física en los seres de la tierra. La ha puesto en el firmamento no sólo para ornamentar Su Obra, sino para que los seres racionales observando los cambios aprendiéramos alguna cosa. Evidentemente la influencia física también abarca la salud, y sería interesante, siguiendo las fases de la Luna, aprender cuál es el tiempo para abstenerse incluso de comidas raras o pesadas, o sea de retraerse de manjares por el estilo, en cuarto menguante, como una especie de purificación de los sistemas del cuerpo, y evidentemente ese retraimiento favorece a que el espíritu esté más liviano para el servicio de Dios. Sería como el tiempo apropiado para hacer ayunos, por ejemplo, o retiros espirituales. En cambio, en cuarto creciente hacer lo necesario para robustecer el sistema inmunológico ayudados por la influencia en creciente de la Luna. ¿Para qué sino Dios puso en su naturaleza que tuviera esos cambios?

 Nadie sabe las dimensiones de la tierra, ni con exactitud lo que miden los continentes, la Luna es el verdadero mapa de la tierra. Tal como son las sombras en ella, así son los continentes en la tierra. El mejor "cartógrafo" de todos los tiempos es Dios.!!!

Lo coloreado son los continentes de la Tierra reflejados en la Luna, dentro de una circunferencia que es la Antártida, lo que se ve en blanco del otro lado de la barrera de hielo de la Antártida son tierras desconocidas e inexploradas.

 Nadie ha subido tanto en el firmamento para poder fotografiar a la tierra, y por supuesto, no es necesario hacerlo, Dios se ha encargado de mostrarlo…en la misma luna.

 La naturaleza fue la Primera Biblia, antes que la Palabra de Dios fuera escrita.

Para eso son las fases: para enseñarnos a conducir nuestra vida natural según las fases, guiados por la Luna. "Hay tiempo de reír y tiempo de llorar, tiempo de hacer fiesta y tiempo de recogerse". El hombre ha perdido hace mucho el rumbo, ya no mira el cielo. Ahora mira televisión. No tiene tiempo de contemplar el firmamento.

 En menguante y en creciente, hay días que va tranquila y tiene "panza", por tanto –como decíamos- no recibe la "sombra" de nadie, si no, no tendría que tener "panza".  Hay días que, sin perder su luz, la del sol la va tapando hasta que desaparece estando todavía no en la línea del horizonte sino bien arriba.  Se ve "ondear" a la Luna, lo que hace pensar que se mueve en el firmamento flotando como un pez, pero con unas rutas fijadas por Dios en su naturaleza. Y como el sol también se mueve en el firmamento acuoso, confirma que no tiene fuego en su constitución, sino que es un disco de pura energía lumínica. Dios hizo la luz el primer día, y la condensó en el sol y en la luna el cuarto día de la Creación. La propiedad más excelente de la energía es la luz. ¡Cuánto hay por estudiar y conocer! La teoría heliocentrista ha sido elaborada para destruir la Obra de Dios de la Creación “de la nada”.

 Mirando con el telescopio la luna se ven dos cosas: la luna, aunque esté en alguno de sus cuartos, está entera, no le falta nada, en penumbra se notan hasta las "manchas"...Es como un disco oscuro que se va iluminando de a poco, pero no puede ser reflejo del sol porque hay días que el sol hace mucho que se puso, ya no está visible y el firmamento está oscuro.  Pero esa luz tiene espesor...No obstante, la "luz" a pesar que sea algo material no tiene cuerpo, pero en la luna se va viendo cómo va creciendo la parte iluminada, como si en verdad se fuera "comiendo" la superficie opaca...

 ¿Qué es la luz?

La luz es la parte del espectro electromagnético que puede ser percibido por el ojo humano. La luz del sol es blanca y lo que hace que percibamos los colores de las cosas es la refracción de esa luz que al pasar por la atmósfera la descompone alumbrando a cada objeto con el pigmento predominante, por ejemplo, la clorofila en los árboles hace que el color de ellos sea verde, o que la banana sea amarilla, o que el color del cielo sea celeste, tanto como el agua de los océanos es igual a las aguas del firmamento por su reflejo en ellas, etc. Pero la luz de la luna es blanca y tendría -si recibiera luz del sol- que refractarla sobre la tierra, pero, a pesar que la tierra recibe la luz de la luna, sin embargo, el espectro de colores no se produce. Basta y alcanza para iluminar la noche. Dos lumbreras creó Dios y en ningún lado dice que la luna brille con la luz del sol, sino que el Profeta Isaías dice refiriéndose a la plenitud de los tiempos cuando Israel vuelva a la Fe: "La luz de la luna será como la luz del sol" XXX, 26, es decir siete veces más que ahora, lo que significa que, aunque ahora no tenga la luz que tiene el sol, sin embargo, brilla con luz que no es del sol, sino propia. Por eso, refiriéndose a esos tiempos, asegura la Profecía que: "no será ya el sol tu luz durante el día, ni te alumbrará LA LUZ DE LA LUNA... (Isaías LX, 19). Entonces, como en la Escritura, aunque no esté hablando de ciencia ni de astronomía, son Palabras que además de tener un sentido metafórico y espiritual, están utilizando para significar lo que quieren, se está refiriendo a las dos lumbreras que Dios creó y dotó de "luz", o sea, de aquella energía que el primer día todavía no tenía sustento físico.  

 

  Tanto el sol como la luna siempre permanecen en medio del firmamento, pero si fuera que el sol es quien iluminara a la luna, cuando hay luna nueva, ¿por qué no se ve la luna? Ya está claro que la tierra no refleja ninguna sombra sobre ella, entonces, en luna nueva, ya que no es el sol quien la ilumina, porque si así fuera ¿por qué va a haber un día que no la ilumina nada?, entonces, digo, ¿Dónde va la luna? Bueno, a ningún lado. Está "muerta", como el óvulo, hasta comenzar de nuevo con la “regeneración”, igual que como el óvulo, a crecer hasta llegar a la plenitud: de luna nueva a luna llena. Por eso que pareciera que esta “regeneración” de luz la debe producir por sí misma, por un efecto estampado en su naturaleza, sea cual fuere, “sistema nervioso autónomo”, por ejemplo, sin cerebro ni corazón, como las medusas.

 Hablábamos de la luz. Agrego otros conceptos: la luz siempre "viaja" en línea recta, salvo que se interponga en su trayectoria un cuerpo donde rebote o la refracte como un arco iris, entonces, sin obstáculo va siempre en línea recta. Pero esto de arriba hacia abajo, pues proyectando una luz hacia arriba o hacia adelante se ve -y eso está demostrado cientificamente- que comienza a curvarse, pues no puede salir de la bóveda. La luz del sol, que es radiación electro-magnética mucho más potente y elevada que la de la luna, se convierte, por el paso de la atmósfera, de luz blanca, en múltiples colores, que tienen como base los del arco iris. Pero es luz blanca como la de la luna, sólo que la luna es también un condensador de energía electro-magnética inferior a la del sol, por eso no puede descomponerse en colores al pasar por la atmósfera, y sin dejar de ser blanca es fría porque su intensidad de radiación no alcanza a calentar el aire debajo de la atmósfera. Pero tanto la luz del sol como de la luna, ambas, a su tiempo, viajan, siempre en línea recta hacia la tierra sin "chocar" con ningún obstáculo. La luna no podría ser iluminada por el sol, porque no es preciso que "rebote" en ella para llegar a la tierra, por tanto, el sol ni la "toca". Por consiguiente, como vemos que la luna tiene luz, hay que concluir que la tiene propia, aunque menor. Su naturaleza es de influencia sobre la tierra y sobre los seres, y tiene por finalidad marcar las estaciones y los años y servir de "faro" nocturno, junto con las estrellas, para iluminar la noche, por eso cuando se la ve durante el día, su luz no tiene incidencia, porque la "tapa" la del sol.

¿Qué entendemos por universo o mundo? Es lo que tuvo principio. En ese momento comenzó el tiempo porque antes de que Dios creara no había “tiempo”, sólo era Dios, que es eterno, sin principio ni fin.

¿Qué es la “nada”? Es nada, es decir, no ser. Por eso la Creación de la “nada” significa que Dios da todo el ser a lo que crea: materia y forma, sustancia y accidentes. Antes de ese momento nada existía. Nada puede haber en los seres que no proceda de Dios, que es la causa universal de todo ser. Por lo tanto, es necesario afirmar que Dios produce las cosas en su ser a partir de la nada. En la creación, por la cual todo el ser de la cosa creada toma realidad, no se puede suponer algo antes y después, a no ser sólo según nuestro modo de entender, es decir, en cuanto que nos representamos primero la cosa creada como no existiendo y después como ya existente. No se puede concebir la creación como un cierto cambio entre dos extremos existentes: la nada y el ser. Son opuestos, si no hay nada, no hay ser, la “nada” no es algo en potencia de ser hecho, la nada, nada es, pues si estuviera en potencia de ser algo ya sería algo pre-existente, y esto es falso. Por lo tanto, la creación en las cosas creadas no es más que una relación real con el Creador como principio de su ser: esencia y existencia, o sea, ser y existir desde un momento determinado.

 Lo que es causa de las cosas en cuanto que son seres, es necesario que sea causa de las cosas, no sólo en cuanto que son tales cosas por las formas accidentales ni tampoco en cuanto que son estas cosas por las formas sustanciales, sino también en cuanto todo aquello que pertenece a su ser en el modo que sea. Así, es necesario sostener que también la materia prima fue creada por la causa universal de todos los seres, esto no es el “bing-bang”, ni el evolucionismo. Esta causa inteligente es Dios, y en la infinitud potencial de su Entendimiento de haber querido hubiera creado otra cosa de la que existe, sin embargo, lo actual es lo más perfecto, por eso tiene existencia.

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