Filadelfia, Sexto período de la Iglesia Católica
Voy a hacer un brevísimo paralelismo y una diferencia entre dos períodos de la Iglesia, descritos por San Juan como las “siete cartas”: Son Esmirna y Filadelfia. Hay que notar y tener en cuenta que a ninguno de estos períodos se le recrimina nada, sino tan sólo le hace una advertencia sobre lo que habrán de padecer. Otra cosa que hay que tener en cuenta es que Jesucristo, en las siete cartas o períodos le habla solo A LA IGLESIA, aunque sólo sea un resto fiel. Y en las dos se promete una “corona”, como símbolo de victoria: se corona a los vencedores, y se muestra una diferencia: los coronados en Esmirna son vencedores porque han resistido hasta la muerte la persecución “que vas a padecer”. Los vencedores coronados de Esmirna son los Mártires que han derramado su sangre por la fidelidad a Jesucristo, y se les hace una promesa “El vencedor no será alcanzado por la SEGUNDA MUERTE” (II,11), que evoca al capítulo XX del Apocalipsis: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la PRIMERA RESURRECCIÓN! Sobre éstos no tiene poder la SEGUNDA MUERTE…” (XX, 6).
En Filadelfia, se
anuncia una PRESERVACIÓN de parte de Jesucristo a los que, a pesar de la “LA
POCA FUERZA” de este período, pre-parusíaco de la Iglesia (que nosotros
consideramos que esta debilidad sea debido a la prolongación de la vacancia de
la Sede en medio de la Apostasía hecha religión idolátrica mediante la secta
que usurpa el Vaticano desde 1958), “has guardado Mi Palabra y no has negado Mi
Nombre”. La promesa es: “Yo te guardaré de la hora de la prueba, esa hora que
ha de venir sobre TODO EL ORBE para probar a los que habitan sobre la tierra”.
Aquí la misma Profecía reclama aclaración con otra Profecía de la Escritura, y
es la de San Pablo a los Tesalonicenses (II, cap. 2, 3-12):
“Nadie os engañe en manera alguna, porque primero debe venir la apostasía y
hacerse manifiesto el hombre de pecado”, interrumpo el texto para hacer notar,
como luego veremos, que no se trata de una continuidad inmediata de
acontecimientos, sino que el mismo San Pablo explica en esta Profecía sucesos
intermedios, los cuales hacen referencia directa al período de Filadelfia, y,
en consecuencia al capítulo 13, 1-18 del Apocalípsis de San Juan, en el que hay
que entender que la “segunda Bestia” precede cronológicamente a la “primera”, y
que está relacionada esta Visión con Filadelfia, y corresponde casi al final
del período, por eso Jesucristo le anuncia: “vengo pronto”.
Continuemos con el texto de San Pablo para poder entender esos acontecimientos
intermedios entre la apostasía y el Anticristo personal: “…Y ahora ya sabéis
qué es lo que detiene para que su manifestación sea a su debido tiempo. El
misterio de iniquidad ya está obrando ciertamente, sólo el que ahora detiene
para que aparezca de en medio”.
Nueva interrupción porque aquí la Profecía hace alusión a Filadelfia:
Aquí se anuncia la cercanía de la Parusía “Vengo pronto”, y se le reitera la
fidelidad: “Guarda firmemente lo que tienes para que nadie te arrebate la
CORONA”. También aquí la “corona” es símbolo de victoria, pero con la
diferencia que los “vencedores” no necesariamente pasarán por la muerte (¿tal
vez porque es “débil” para soportarla, o tal vez más bien haciendo referencia a
aquello de San Pablo “no todos moriremos, etc.”?) , basta la fidelidad: “Del
vencedor haré una columna en el templo de mi Dios, del cual no saldrá más (¿el
Milenio?)….la nueva Jerusalén, la que desciende del cielo viniendo de mi Dios”
(III, 7-12).
Nosotros vemos
aquí una clara referencia a las Bodas del Cordero en su Parusía, cuando el
Verbo Encarnado Glorificado tome posesión de Su Reino, y cuando los Mártires
(sobre todo los del largo período de las diez persecuciones de Esmirna) junto
con los que no habían adorado a la bestia ni a su estatua, ni habían aceptado
su marca (de los cuales no se dice que todos murieron), pero todos “vivieron y
reinaron con Cristo mil años” (XX, 4).
Sobre ninguno de ellos tiene poder la segunda muerte. Ya han sido juzgados y
fueron encontrados dignos de llevar la corona de los vencedores, en el Reino de
Cristo.
Continuando con la
Profecía de San Pablo vemos que la inmensa mayoría -haciendo algunas
salvedades- han sucumbido a la Gran Tentación o Prueba a la que se refiere
Nuestro Señor en la Visión de San Juan para el período de Filadelfia. Por
supuesto que esta Gran Tentación o Prueba está relacionada con II
Tesalonicenses, veamos por qué: el doble componente del Katejón: "el que detiene"
y "lo que detiene" se refiere a dos cosas concretas ya pasadas para
nosotros. Esta Profecía ya está cumplida. Nos parece imposible que un suceso
como este que ha durado 64 años no esté mencionado en la Profecía para el
tiempo de Filadelfia: Al ser quitado el
Papado con la muerte de Pio XII las llaves dadas a San Pedro vuelven a Cristo,
pues al haberse dado a luz, con la "elección" del masón Roncalli, a
la Gran Ramera, la autoridad divina y el gobierno de la Iglesia fue quitado
“ipso facto” como enseña la Bula de Paulo IV “Cum ex apostolatus afficio”. Pero algunos
de los entonces buenos católicos, fueron TENTADOS bajo apariencia de bien, pues
aún no se vislumbraba con toda claridad que la "Madre de las abominaciones
de la Tierra" era una institución opuesta y esencialmente contraria a la
Iglesia Católica, sucumbieron a la TENTACIÓN creyendo que podían conservar la
Fe sin el FUNDAMENTO de la Fe de la Iglesia que es el Papa, y se dedicaron a
consagrar Obispos y Sacerdotes para conservar la Liturgia y la Misa, que son la
EXPRESIÓN de la Fe ( lex orandi, lex credendi). Pero lo más importante: la
elección del Papa, lo han dejado de lado de varias maneras (que ya conocemos).
Muchos de estos, Obispos, Sacerdotes y Fieles actuales, "acéfalos",
que sostienen que el Papa no es necesario y que la Iglesia no posee los medios
para remediar la vacancia, ya han dejado de ser católicos, y no sólo eso, sino
que hacen que los Sacramentos que administran se vuelvan ilícitos y sacrílegos.
Esa TENTACIÓN se mantiene aún en ellos y no quieren reconocer la Verdad. No
militan más en la Iglesia Católica porque contravienen las Disposiciones
divinas de Jesucristo que QUIERE que en SU Iglesia SIEMPRE San Pedro tenga
PERPETUOS SUCESORES, por tanto, esto es de Derecho divino, no así el MODO de
cómo la Iglesia resuelva hacerlo, y de hecho en la Historia sabemos que lo ha
hecho de mil modos. Y la Iglesia lo hará porque es sociedad perfecta y posee en
sí misma los medios otorgados por Nuestro Señor para hacerlo. Dios se vale, en
su Providencia, de la acción de las causas segundas –en este caso de los
hombres de Iglesia- para obtener el fin. En el mientras tanto, el cumplimiento
de lo anunciado para después de este acontecimiento histórico queda como
flotando en el tiempo: el envío de los Dos Testigos para dar su último
testimonio, el Profeta Elías que convertirá al pueblo de Israel a la Fe y
entrarán a la Iglesia, ya con su Cabeza visible, al igual que los cristianos
tibios y seducidos por la Ramera, que a la predicación (probablemente) de
Enoch, se convertirán y la Iglesia los aceptará. Estos Dos Testigos serán
contemporáneos al Anticristo y éste les hará la guerra y los matará en
Jerusalén, lugar donde ya estaría residiendo el Anticristo cobrando más fuerza
por el poder de Satanás, hará la persecución a todos aquellos que no hayan
recibido su marca, que el Embaucador y Falso Profeta, que estará a su servicio,
había puesto en sus frentes o en su mano, hasta que sea la hora en la que el
Hijo del Hombre vuelva en gloria y majestad rodeado de sus ejércitos de Ángeles
y Santos a tomar posesión de todos los reinos de la tierra –como vio en Visión
el Profeta Daniel- y de esta manera se extienda la Iglesia cobrando
magnificencia y esplendor hacia los cuatro ángulos de la tierra. San Juan lo
llama “el reino de los mil años”. Las dos Bestias son arrojadas vivas al
Infierno y el Dragón o Satanás es atado ahí mismo por “mil años”.
Pues bien, pero estos acontecimientos revelados sucederán después que la Esposa
esté preparada para las Bodas: engalanada y completa. Razón por la cual el
premio otorgado a los cristianos de Filadelfia no solo es una corona, sino que
serán como columnas en la Nueva Jerusalén que viene de Dios y ya no saldrán más
de Ella y reinarán con Cristo mil años, dice San Juan…
Nos parece que el período de Filadelfia, según el aviso de Nuestro Señor que le
dice: “Vengo pronto” finaliza con el Cónclave y elección del Vicario de Cristo,
y da comienzo Laodicea, tiempo en el que dice Jesucristo: “Estoy a la puerta y
llamo”.


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