"TIEMPOS Y MOMENTOS"
“TIEMPOS Y MOMENTOS”
Mis queridos hermanos y fieles en Nuestro Señor Jesucristo. El siguiente audio es para aclarar algunas nociones y conceptos sobre un tema particular que algunos fieles me han solicitado que lo hiciera.
Lo vamos a titular: Tiempos y momentos.
Las palabras con que Jesucristo
contestó a los discípulos que le preguntaban cuándo restauraría su Reino, no
son otra cosa que una afirmación categórica de esa restauración y de ese Reino.
Responde con altísima dignidad de Hijo de Dios: “No toca a vosotros saber los TIEMPOS Y MOMENTOS que ha establecido el
Padre en su propio poder y autoridad” (Hechos I,7). En vez de negar,
confirma, aunque no era el “tiempo y el momento” de revelárselo a ellos, y no
lo hace.
Pero si ese Reino fuera una fábula o un error, como quieren los alegoristas, luego no podría haber para ello ni tiempos ni momentos… ¿Qué tiempos y momentos puede haber en la mente del Padre para una cosa que no ha de existir?
Pero Jesucristo, que es la Verdad
encarnada, no puede ni engañarnos ni engañarse, porque es Dios, entonces como
ese Reino estuvo pensado y querido desde la inmutable eternidad en la Mente
Divina, predicado por los Profetas y por el mismo Jesucristo, en algún “tiempo
y momento” se hará, para gloria y majestad de la Sagrada Humanidad del Verbo,
aunque discernimos que no será en el Cielo, pues en la eternidad no hay ni
tiempos ni momentos, por consiguiente debe tratarse de un Reino temporal y
terreno, pero no con las características de un reino común como de los que
tenemos conocimiento por la Historia.
La existencia de este Reino nuevo y
distinto a todo lo conocido es una verdad que se desprende como fruta madura
desde la consideración de la Tesis Cristocéntrica, y porque como expresa San
Pablo en I Cor. XV, 25): “Es NECESARIO
que Él reine ‘hasta que ponga a todos los enemigos bajo sus pies’”. Después
de haber triunfado completamente de todos sus enemigos, Jesucristo cambiará
esta manera de reinar, en otra más sublime y espiritual (Sto. Tomás), comenta
Mons. Straubinger.
Entonces, nos preguntamos, dado que este Reino
anunciado y prometido por Nuestro Señor es algo real, ni metafórico ni
alegórico, ¿será, acaso, luego de Su Parusía cuando completado el “día de la
ira” y acabados todos sus enemigos, y el Anticristo y el Falso Profeta ya hayan
caído vivos al Infierno, y Satanás encadenado por mil años, cuando –como dice
Santo Tomás- “cambiará la manera de reinar”?
Nos parece muy conveniente que así
sea.
¿Qué significaría este cambio?, ¿será con
respecto al modo de la presencia de Cristo Rey en él, o simplemente al modo de
reinar? ¿Qué significaría “más sublime y espiritual”? Pues bien, nos parece que
“más sublime” está referido a la excelsitud y eminencia de la Sagrada Humanidad
del Verbo Glorificado, y “más espiritual” en cuanto que Su Sagrada Humanidad,
unida a la Divinidad, luego de la Resurrección, posee y goza de atributos y
dones exclusivos de una naturaleza humana real pero espiritualizada y ajena a
las vicisitudes que tuvo antes de la Resurrección, se hace visible a los ojos
humanos cuando lo desea, atraviesa muros sin necesidad de entrar por la puerta,
no está más sometido a las necesidades de comer y dormir , etc. Ejemplo de ello
lo tenemos en los cuarenta días que estuvo todavía con los Apóstoles y
discípulos antes de la Ascensión.
Ahora bien, ¿qué necesidad habría de
“cambiar la manera de reinar”, si inmediatamente a Su Parusía, no habría lugar
para “los tiempos y momentos que el Padre se ha reservado” para que Cristo
reine temporalmente, tal como ha
sido anunciado por los Profetas?
No podemos dudar de la existencia temporal y terrena de este Reino, como
atestigua toda la Escritura desde el Génesis hasta el Apocalipsis, ni acerca de
su Rey, quien, desde su Ascensión a la diestra del Padre, reina corporalmente bajo las apariencias de
pan y vino en la Iglesia, Su Reino, desde la Eucaristía, pero no visiblemente a los ojos humanos, sino, tras
los velos de la Fe.
Entonces, si es imposible negar ni su
Reino ni su Reinado, ¿quién podría negar que lo que “cambia es la manera de
reinar”? Respecto a esto, la Iglesia, no se ha definido, tan sólo hay
emitidos por una Sacra Congregación Romana unos Decretos disciplinares en los
que indica que es “peligroso” –pero sin aclarar por qué- enseñar una forma
particular de “reinar” de Jesucristo luego de la Parusía, pero tampoco lo
condena como erróneo. En estos Decretos no condenatorios hay aplicados dos adverbios, uno en el primero de ellos,
y otro en el segundo: “corporaliter” y “visibiliter”,
quedando anulado el primero –por lo que decíamos- que Jesucristo reina
actualmente en su Reino desde la Eucaristía de forma “corporaliter”.
Por tanto, queda como válida la
prohibición de enseñar que en el futuro Reino post-parusíaco Jesucristo reine “visibiliter”. Destaquemos que esta prohibición
no es condenación ni dice que sea erróneo creer que Jesucristo reinará, sino que hace hincapié tan sólo en el modo de presencia del Rey en su Reino.
Por otra parte, hay que recordar que
hay “tiempos y momentos que el Padre
tiene reservados en su poder y autoridad” para que toda la tierra honre la
Sagrada Humanidad del Verbo Encarnado y Glorificado, en un Reino preparado
desde toda la eternidad, y el Decreto prohíbe enseñar que la presencia del Rey
sea “visibiliter”, por lo tanto,
esto pide nuevamente “el cambio en la
manera de reinar”.
Pongamos por mera cuestión de respeto
y de honestidad intelectual los Decretos mencionados para ver que no niegan el
Reino ni su duración:
“El
sistema del milenarismo, aun mitigado —o sea, del que enseña que, según la
revelación católica, Cristo Nuestro Señor ha de venir corporalmente a reinar en la tierra antes del juicio final, previa
la resurrección de muchos justos o sin ella— no se puede sostener por
ningún fiel católico ni enseñar .” (nos preguntamos por qué , pues no aclaran, ni tampoco dicen
que sea errónea o contra la Fe. No aclaran tampoco que significa “mitigado”).
Así dice el segundo:
“En estos
últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema Sagrada
Congregación del Santo Oficio qué se debe pensar del sistema del milenarismo
mitigado, que enseña que Cristo Nuestro Señor antes del juicio final, previa la
resurrección de muchos justos o sin ella, ha de venir visiblemente a reinar en esta tierra.
Propuesto el asunto a examen en la reunión plenaria del miércoles
19 de julio de 1944, los eminentísimos y reverendísimos señores cardenales
encargados de la tutela de la fe y de las costumbres, oído previamente el voto
de los reverendos consultores, decretaron responder que el sistema del milenarismo
mitigado no se puede enseñar ” (Tampoco aclaran - “los eminentísimos y reverendísimos señores cardenales
encargados de la tutela de la fe y de las costumbres”- después de haber pasado más de tres años de la
primera consulta, qué es mitigado , ni siquiera lo condenan contra la Fe).
Digamos
que “el cambio en la manera de reinar” se lo tiene reservado el Rey, pero, como acostumbra hacer Nuestro Señor no sólo en sus palabras, sino también en sus hechos nos
muestra algo de sus “riquezas insondables”, y nos da luz, para que entendamos, acerca del modo que tenía
de estar con los Apóstoles y discípulos, durante el tiempo que permaneció en la
tierra con ellos luego de su Resurrección: aparecía y desaparecía, entraba a las habitaciones a través de las paredes, se dejaba tocar, comía, sin necesidad pan y pescado, en la playa lo vieron asando unos pescados para ofrecerle a ellos, caminaba junto a ellos, etc., etc. De la misma manera será durante el tiempo de Su Reinado, nada obsta para ello ni encuentra contradicción en la Escritura, y menos en los Decretos disciplinares.



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