DISTINGUIR PARA NO ERRAR
NO HAY DOS IGLESIAS, NO HAY DOS CABEZAS.
Primado o la Cabeza de la Iglesia Universal y su gobierno
El Vicario
de Cristo
Es
Jesucristo el principio de vida de la Iglesia fundada en el tiempo, pero unida
desde la eternidad en el decreto de predestinación del Verbo Encarnado. Todo en
Ella depende de Él y en todo lo que Ella obra, lo obra Él, y siendo, como
ciertamente es, la Cabeza, tiene la autoridad como Hijo de Dios Encarnado y sus
decisiones son inamovibles pues son expresión de Una Persona divina que, en
cuanto Dios, no existe distinción de Esencia, por tanto, la Voluntad del Hijo
es la del Padre, porque “el Padre y Yo somos uno” revela Jesucristo.
Así como la inmutabilidad es un atributo de la
Esencia divina, del mismo modo, la Iglesia fundada por Él siempre es la misma,
no puede cambiar porque es “Una” en esencia, del mismo modo que la Esencia
divina es Una. Por eso Jesucristo es “la
Piedra” como expresa San Pablo (I Cor. 10.4), “Piedra angular” como lo llama
San Pedro (I 2-6), es el fundamento donde se apoya la Iglesia como en base
sólida e inamovible para todos los tiempos.
Pero en los
Designios divinos no estaba que el Verbo Encarnado permaneciera visible hasta
la consumación de los siglos, por eso que antes de padecer Su Pasión sienta los
fundamentos de Su Iglesia, y luego de Resucitado confirma en sus cargos a San
Pedro y a los Apóstoles.
Razón por la cual nos muestra que no era
suficiente su Presencia invisible- aunque corporal
verdaderamente- en la Eucaristía y en la perpetuidad del Santo Sacrificio,
hacía falta un instrumento a través del cual Él mismo hablase, rigiera y
confirmara. Y así como Su Sagrada Humanidad es el instrumento unido a Su
Divinidad para obrar lo que obró: la fundación de la Iglesia y la Redención; de
la misma manera era necesario asociarse a Él mismo un Vicario, por medio del
cual hablara, rigiera y confirmara en la Iglesia. No dejó cabos sueltos. Todo
fue pensado y querido desde la eternidad y realizado en el tiempo. Y “todo lo
ha hecho bien” dicen los Evangelios, nada dejó librado a las circunstancias o a
los vaivenes del tiempo, por eso concedió a la Iglesia un signo manifiesto y
eficaz de Su Presencia. De este modo permaneciendo a la diestra del Padre
preside todo lo que se hace en este Cuerpo y lo somete visiblemente a su acción,
por eso esta maravilla es la institución del Primado en Su Vicario, que,
ejerciendo infaliblemente Su acción en la Iglesia a través de él, ha querido
que fuera Su instrumento inseparable por quien mostrara Su acción, en Su Cuerpo
Visible, por una Cabeza Visible, independientemente del resto de los Apóstoles:
“Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia”. Este poder conferido
después de la Resurrección es el mismo de Jesucristo: cabeza, principio, fuente
y soberano del Episcopado y de los cristianos todos. Las ovejas de Pedro son
las ovejas de Cristo.
Jesucristo
anuncia desde el principio de su vida pública este gran designio escondido en
los arcanos eternos de la Mente divina: “Tú te llamarás Kefas (que quiere decir
“piedra”), le da un nombre a Pedro y una prerrogativa que no convienen sino al
mismo Cristo, porque “tú eres Pedro y sobre esta piedra (QUE ERES TÚ),
edificaré mi Iglesia y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella”
(S. Mt XVI, 18), pero la “Piedra” es Cristo, por eso lo une a El mismo como
fundamento y “piedra “de Su Iglesia, de modo que no hay dos Cabezas, sino una.
La
propiedad que tiene el fundamento es la de comunicar firmeza, de manera que
nada en el Cuerpo Místico de Cristo reciba de otra parte la firmeza sino de la
piedra donde está apoyado y que quien es piedra fundamental no reciba esa
firmeza de ninguna otra “piedra” que no sea el mismo Jesucristo. Pero teniendo
en claro que la firmeza del Cuerpo depende de la de la Cabeza, pues la gracia
que se le otorga a Pedro: su infalible firmeza en la Fe, comunicada por él al
Cuerpo, será la firmeza de todo el Cuerpo. Los Apóstoles o los Obispos sólo son
confirmados por él, y sin él nada son y nada tienen, apartados de Pedro son
salteadores del rebaño, son “sarmientos cortados de la Vid”, ramas muertas
incapaces de transmitir la Vida divina, porque estando unido a Jesucristo Pedro
es el Sumo Sacerdote. La comunión con esta Cabeza es de tal necesidad que
“quien no siembra con él, desparrama” errores y herejías. Sólo a él nadie tiene
el derecho de juzgar.
Vale decir que, la autoridad, la jurisdicción
universal inmediata que posee el Soberano de este Cuerpo, el poder de “atar y
desatar” en la tierra y en el cielo, el poder de confirmar al resto, tanto
clero como fieles, no proviene de un consenso común, sino exclusivamente de
Jesucristo, ya que el elegido por la Iglesia en el momento de haber aceptado el
cargo de Pastor Supremo Visible de la Iglesia, es “revestido con el poder de lo
Alto”, no debiendo nada a nadie sino a sólo Dios.
Ya
deberíamos extraer una pequeña pero esplendente conclusión:
La Iglesia Católica tiene como fundamento
sólido e inamovible la Voluntad eficaz de Jesucristo de constituir a Pedro como
Cabeza asociado a Él, de modo que no hay dos cabezas sino Una: Pedro es Cristo
Visible unido a Cristo Resucitado e Invisible que habla, es fundamento,
gobierna y decreta por medio de Pedro. No hay dos Iglesias, no hay dos Cabezas.
Por eso la Iglesia Militante no puede estar –y no lo ha estado nunca, salvo en
los períodos cortos o largos de interregno a la espera de un nuevo sucesor de
Pedro- sin Cabeza Visible porque estaría faltando el fundamento, la fuente de
donde dimana toda autoridad, el principio de unidad, en fin, aquel que lo hace
Visible a Cristo en el trono de Pedro. La vacancia en la Sede de Pedro nunca
puede constituirse en estado permanente de ausencia, pues ya no sería la
Iglesia de Cristo. Pedro y sus sucesores, de este modo, son NECESARIOS para que
Jesucristo esté en la Iglesia, porque donde está Pedro está la Iglesia y donde
está la Iglesia está Cristo.
La actual situación
de vacancia por apostasía y por usurpación física de la Ramera de los espacios
y lugares que fueron católicos -continua y transmitida desde Roncalli hasta el actual usurpador y falso "papa"-- ha hecho que los actuales jerarcas de la Ramera, no sean otra cosa
que saqueadores, mercenarios y propagadores de la abominación en los lugares
santos. Razón por la cual, por estar constituidos en “cuerpo místico” del Anticristo,
no tienen ni tendrán jurisdicción sobre los fieles católicos, y son los fieles
católicos, aquellos que no se han apartado de la Iglesia sobre los que recae el
DEBER “sagrado y urgente” de proveer a la Iglesia un legítimo Sumo Pontífice
Sucesor de San Pedro.
Porque:
Tiene (el Papa) en el
gobierno de la Iglesia –debido a su institución de Vicario- toda la autoridad
de Jesucristo sin limitación. Dice el II Concilio de Florencia: “Es el
verdadero Vicario de Cristo, cabeza de toda la Iglesia” (1439).
Ratifico:
No es una
Cabeza intermedia entre Jesucristo y el Episcopado. Es, con Jesucristo, por
encima del Episcopado una misma Cabeza, un mismo Doctor, un mismo Legislador y
un mismo Pontífice. Es Jesucristo hecho visible, hablando y obrando a la
Iglesia por Su Vicario, el instrumento que se ha elegido, pues todo lo que obra
y declara lo hace mediante Su Vicario, y gobierna toda la Iglesia, clero y
fieles, por él. No son los Obispos quienes tienen la autoridad suprema en el
Cuerpo de Cristo, esta es una prerrogativa solamente dada a Pedro y que
pertenece a Pedro exclusivamente, siendo él la fuente de donde brota toda la
autoridad de los Obispos, al punto que “sin Pedro son muchedumbre confusa y
perturbada” (León XIII).
Sigamos
No obstante,
esta prerrogativa única, el Vicario tiene sus límites, “pues no fue prometido a
los sucesores de Pedro el Espíritu Santo, para que, por revelación suya,
manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente
custodiaran y fielmente expusieran la revelación transmitida por los Apóstoles,
es decir, el depósito de la Fe” (Constitución Pastor aeternus).
Lo que
constituye a Pedro en la Roca firme de la Iglesia es una formalidad
sobrenatural inherente al cargo que ocupa, no es la santidad personal lo que lo
hace indefectible en la confesión y enseñanza del Depósito que Jesucristo le ha
confiado, sino la oración de Cristo como causa eficaz: “He rezado por ti para que
tu Fe no desfallezca”.
Por tanto,
hay que decir que el Papa en cuanto Papa no puede y le es imposible dejar a un
lado esta formalidad suya propia, y esto le es tan propio e inherente que es
Papa cuando cabalga, o cuando duerme, o cuando come o camina. La formalidad
“papal” no es un añadido que se pueda quitar como un vestido, de manera que a
veces es Papa y a veces no. Y como su Fe es indeficiente, no por méritos
propios, sino, como dijimos, debido a la oración eficaz de Cristo que produce
siempre este efecto, siempre es el Maestro Infalible porque es la Piedra basal
del Cuerpo Místico de Cristo.
De este
modo se equivocan y se apartan de la Doctrina los que sostienen que en Pedro
pueda haber distinción de materia y forma al punto que pueda aparecer como un
Papa desviado de la Fe: sólo sería “materialmente “Papa –lo cual contradeciría
la Promesa de indefectibilidad de Cristo sobre él- pues no teniendo la formalidad que lo
constituye en Principio y Fundamento de la Fe de la Iglesia, no sería un Papa
“completo”. Pero esta distinción puramente conceptual es un error filosófico
que separa la materia de la forma, sosteniendo que algo puede ser y no ser al
mismo tiempo. En este caso el Papa sería Papa y no Papa al mismo tiempo. Esto
es una aberración racional que contradice el principio de no contradicción, y
una monstruosidad teológica. Lo más grave es que como nunca podríamos saber si
es verdadero o falso, la Iglesia no podría ser faro de luz siempre, sino que a
veces las tinieblas podrían oscurecerla, entonces sería cierto que “el humo de
Satanás entró por los resquicios de la Iglesia” como sostuvo el falso papa
Montini. Y si pudiera ser así la Promesa de Cristo hubiera fallado, y Cristo no
sería Dios, y Su Iglesia no sería Maestra de la Verdad, y los cristianos sin
tener un Maestro Infalible no sabríamos a quién recurrir, pues este delirio
cortaría la posibilidad que en la silla de Pedro se sentara un Papa formal y
materialmente Papa, legítimo sucesor de San Pedro y con todas las prerrogativas
inherentes a él otorgadas por Cristo sólo a él. ¿Cuándo se cortaría la cadena
de “Papas-no Papas”? Nunca. Esto cierra las puertas a la elección de un
verdadero Pontífice, y co-existirían siempre en un mismo Cuerpo la Esposa y la
Ramera. Las consecuencias de este delirio no pueden ser más que desastrosas.
Pero al
faltar el Maestro Infalible, han surgido maestrillos a granel, cada uno con su
concepción de “Iglesia” como tantos maestrillos hay. Para algunos la imposibilidad
de elegir un sucesor de San Pedro ha ido tan lejos que creen –en la práctica-
que la autoridad suprema en la Iglesia la tiene el Cuerpo Episcopal, entonces
juzgan innecesario trabajar para una elección que acabe la vacancia de la Sede,
con lo cual sostienen que la Piedra donde se sustenta la Iglesia no es
necesaria. El resultado lógico es que cada Uno de esos Obispos actúa como si
tuviera –cada uno- las prerrogativas de Pedro. Forman parte de los “acéfalos”,
es decir de los que NO QUIEREN que en la Iglesia haya un verdadero Papa a quien
deban sujetarse y someter los cargos que nadie les confirió. Arguyen excusas y
no subordinan sus mentes a la Fe verdadera.
Otros hay
que como no hacen la distinción entre Ramera y Esposa, “reconocen” al hereje
como teniendo autoridad en la Iglesia, pero como lo juzgan “hereje” o
“desviado” no sujetan su “autoridad” al que creen que es Papa legítimo y se
“resisten” a sus mandatos, por tanto “cojean para ambos lados” como decía el
Profeta Elías de los falsos profetas. Ellos, no obstante, “reconocen” al que
juzgan “desviado”, alejándose del Dogma que obliga a “no juzgar la Sede
Romana”, ni de “apartarse del hereje” y se dan a ellos mismos los recursos que
creen justos, según su arbitrio y parecer, para “resistir” al que sin embargo consideran
con autoridad legítima. Estos además de constituir un cisma, también impiden la
posibilidad que en la Iglesia Católica haya un verdadero Papa sucesor de San
Pedro.
Otros hay que
a pesar de saber esto que decimos y aunque sostengan “conceptualmente” que la
Ramera no es la Iglesia, sin embargo, se ha filtrado una concepción equivocada
que los desvía de la Fe - y es lo que llamamos la secta de los cuasi-católicos-
que aunque sostengan todo lo demás, si en un punto se apartan y ya no tienen la “Fe
integra e inviolada”: estos son los que no hacen una verdadera y real
distinción entre la Esposa y la Ramera, y creen que en la “madre de las
abominaciones de la tierra” pueda haber Sacramentos válidos, siendo que no existe la intención en sus ministros, pues el
cambio de Ritual lo confirma. “Lex orandi, lex credendi”: se reza como se cree,
por tanto, si se utiliza un nuevo Ritual que diluye absolutamente la intención
de la Iglesia, se cree necesariamente otra cosa. Sabido es además que en la
Ramera no existen verdaderos y legítimos ministros de Dios: ni sacerdotes ni
obispos.
La llaman “iglesia conciliar” y a los documentos emitidos por la Ramera “Concilio Vaticano II”, confundiendo a los fieles porque no distinguen entre Una y otra. El último Concilio Vaticano Católico fue el de 1889-70. El “conciliábulo” de la Ramera no es continuación de este verdaderamente católico, sino un compendio de herejías que llevan a la apostasía de la Fe.
Por tanto y
para finalizar, concluimos que en estos cruciales momentos en los que está en
juego el honor y la gloria de Dios, el bien de la Iglesia y la salvación de las
almas, se deben utilizar los medios -Doctrina y Leyes- que nunca han faltado en
la Iglesia para suprimir de raíz estos males que impiden la elección de un
Pastor Supremo, y que por tanto la posición que sustentamos es la única
católica para hacer esta guerra a la que nos llama el Verbo de Dios, la
vacancia de la Sede NO ES permanente y la Iglesia misma PUEDE Y DEBE proveer un
Sumo Pontífice, declarando oficialmente a través de los clérigos y fieles
católicos la vacancia y trabajar para una próxima elección, porque ya es tiempo
que la Cabeza Visible de la Iglesia aglutine a las ovejas y a los corderos de
Cristo en un solo rebaño.
A este
combate nos comprometemos, nos vaya en ello la fama y la vida, porque creemos
en Aquel que dijo que “las puertas del Infierno no prevalecerán contra la
Iglesia”.
“¿A quién
iremos, Señor? Solo Tú tienes palabras de vida eterna”.



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