SOBRE LA REPRENSIÓN DE LOS AMIGOS
SOBRE LA REPRENSIÓN DE LOS AMIGOS.
"Encomiar lo que hay de bueno y
reprender lo que hay de malo, es propio de quien verdaderamente ama y tiene
cuidado de nosotros. Por mi parte, estimo que mi amigo me ama no únicamente
cuando me alaba, sino también cuando me reprende y corrige, pues alabar todo,
lo bueno y lo malo, no es propio de un amigo, sino de un engañador y burlador.
Al enemigo yo no lo admito cuando me alaba, mientras que al amigo lo abrazo aun
cuando me reprende. El enemigo aun cuando me bese, no me es agradable, en
cambio el amigo aun cuando me hiere es amable, porque el beso del enemigo está
lleno de sospechas, pero la herida ocasionada por el amigo tiene fuerza
medicinal; por eso se lee en Proverbios XXVII,6: “Leales son las heridas
causadas por quien nos ama, pero los besos del que aborrece son engañosos”.
¿Por qué esto es así? Hay que prestar atención no a la naturaleza de estas
cosas, sino a la intención de quienes las hacen. Para comprender mejor en que
forma son mejores y más fieles las heridas del amigo que los besos fingidos del
enemigo contemplemos la escena en que Judas besó a su Señor, pero su beso
rebozaba traición, henchida estaba su boca de veneno y de perversidad su
lengua: “Dios te salve Maestro, y lo besó”, los Evangelios narran que así había
acordado con el Sumo Sacerdote para entregárselo, a cambio de treinta monedas
de plata.
Los amigos cuando reprenden, ya lo
hagan justa o injustamente, no proceden con intención de reprender sino de
corregir. Los enemigos, en cambio, aun cuando reprenden con justicia lo hacen
con intención de difamar y no de corregir.
Los hombres, por muy sabios que
puedan ser muchas veces son dignos de reprensión, como lo hizo San Pablo con
San Pedro, cuando fue necesario que el súbdito y amigo lo reprendiera. Por eso
dice la Escritura: “No pueden encontrarse en el hombre todas las perfecciones”
(Ecles.XVII, 29). Acontece que el sabio algunas veces no vea lo que es
necesario, mientras que alguno, que dista mucho de él en su talento, lo ve con toda
claridad. Son así las cosas para que el sabio no se ensoberbezca, ni el que le
es inferior se llame a sí mismo infeliz y miserable. Gran bien es saber
reprender, porque esto es propio sobre todo de quien ama a su prójimo."



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