LA REDENCIÓN COMO FIN SECUNDARIO DE LA ENCARNACIÓN DEL VERBO

Nos detendremos hoy en una consideración que está estrechamente vinculada con la conferencia anterior, y que sirva para mostrar y demostrar cómo en la esencia divina es imposible la improvisación, sino por el contrario, cómo todo lo que sucede en el tiempo, ha sido pensado y querido desde toda la eternidad en la Mente divina. Comprenderemos así por qué el antiguo pueblo debe convertirse y entrar a la Iglesia, el porqué Dios ha reservado a dos hombres sin ver la muerte con la finalidad revelada a San Juan, quien el el Apocalipsis ve en visión a Dos Testigos, que toda la Tradición dice que son Enoc Elías, etc., etc.
Pues bien, nos referiremos a la Redención como fin secundario de la Encarnación del Verbo.

 

Parece que la Redención es el fin último de la Encarnación, pero San Pablo afirma que el Verbo en el momento de la Encarnación, constituido ya Jesucristo, es decir habiendo asumido el Verbo una naturaleza humana completa en el seno virginal de Nuestra Señora, en el instante mismo de la concepción dice: “Sacrificios y oblación no los quisiste, pero un cuerpo me has preparado. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo para hacer, oh Dios, tu voluntad…

En virtud de esta voluntad hemos sido santificados una vez para siempre por la oblación del cuerpo de Jesucristo.” (Hebreos X, 5 y ss.)

Ya desde aquí, la intención primaria en la Mente del Hombre Dios, Jesucristo, no dejará de ser el cumplimiento de la Voluntad de Su Padre: “Yo amo al Padre y obro según el mandato que me dio el Padre” (San Juan XIV, 31). ¿Cuál es ese “mandato”? Pues la misión encomendada es dar a conocer el Nombre del Padre: “Yo he manifestado tu Nombre a los hombres que me diste…” (San Juan XVII,6), “para que el mundo crea que eres Tú el que me enviaste”.

Entonces surge la pregunta: si la finalidad primaria de la Encarnación fuera la Redención del género humano, ¿Por qué esperar 33 años? Siendo que Jesucristo es Dios verdadero y cualquier acto suyo es de valor infinito, ¿No hubiera bastado, acaso, el dolor y la Sangre derramada el día que fue circuncidado para redimir del pecado a todo el género humano? ¡Claro que hubiera bastado! Pero la misión del Hijo de Dios no estaba completa.

Debemos entrar en los designios eternos que predestina junto al Verbo Encarnado a la Iglesia.

¿Qué es la Iglesia?   

Pero antes  de responder a esta pregunta hay que leer un texto tomado del prólogo del Evangelio de San Juan: “…la verdadera luz, la que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. Él estaba en el mundo, por Él el mundo había sido hecho, y el mundo no lo conoció." y comenta Santo Tomás, I, q 34, a.1, ad 3: “Conociéndose a sí mismo, y al Hijo, y al Espíritu Santo, y todos los demás objetos comprendidos en su ciencia, es como el Padre concibe al Verbo, es “comprehendida” la Trinidad entera e incluso toda creatura”. Seguimos con San Juan:  Él vino a lo suyo, y los suyos no lo recibieron” (…Aquí habla San Juan de la apostasía del antiguo pueblo)” Pero a todos los que lo recibieron  les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su Nombre…” (a través de la adopción sobrenatural,) “haciéndonos conocer el misterio de su voluntad " (que es la del Padre, pues “el Padre y Yo somos uno” les dice a los “suyos”)" el cual misterio, dice San Pablo, consiste en la benevolencia suya, que se había propuesto en Aquel, en la dispensación de la plenitud de los tiempos: reunirlo todo en Cristo, las cosas del cielo y las de la tierra. En Él también fuimos elegidos nosotros…En Él también vosotros, después de oír la palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, habéis creído, y en Él fuisteis sellados con el Espíritu de la promesa…” (Efesios I, 9-13).

 

Aquí ya empezamos a vislumbrar algo del constitutivo de la Iglesia: “El Padre…todo lo sometió bajo sus pies –los de Cristo Jesús- y lo dio por Cabeza suprema de todo a la Iglesia, la cual es su Cuerpo, la PLENITUD de Aquel que lo llena todo en todos.” ( como dice San Pablo en Ef. I,23) y estas palabras del Apóstol nos permiten penetrar los arcanos de la Mente divina siendo nuestra razón iluminada por las luces de la Revelación. Por tanto, ya podemos decir, que, así como la Iglesia estuvo presente junto con Jesucristo, desde toda la eternidad en el pensamiento de la Augusta Trinidad, en el tiempo –luego que fue constituida por el Verbo Encarnado- son inseparables al punto de no poder encontrar a Uno sin el Otro, pues constituyen un solo ser místico: el Cuerpo Místico de Cristo y por medio del cual son aplicados los méritos de la Pasión y Muerte de Jesucristo a “los suyos” a lo largo de la Historia y de los siglos, porque es el instrumento que Él mismo constituyó para ese fin, según el “mandato” del Padre: dar a conocer Su Nombre.

Con toda evidencia se ve que la Redención de los hombres, estando asociada a la Encarnación Pasible del Verbo, no pudo ser la razón principal, porque sin la Iglesia no habría manera que Dios pudiera aplicar los méritos y beneficios que Jesucristo ganó con su Pasión y Muerte, pues como Él mismo ha revelado “fuera de la Iglesia no hay salvación”. Es imposible encontrar a Cristo sin la Iglesia y es imposible que la Iglesia esté sin Cristo, pues están unidos desde antes de la creación del mundo, en el mismo decreto de predestinación de Jesucristo en la Mente divina….

Digo que la Redención es el fin secundario de la Encarnación porque el fin primario es la constitución de la Iglesia, dada la actual situación desde Adán a la Encarnación y desde allí hasta nosotros. La Iglesia no fue creada después de la Resurrección, sino constituida principalísimamente en la Última Cena cuando instituye el Orden Sacerdotal, dando con ello Jerarquización a los Apóstoles, ya no son meros "discípulos" como lo fueron al principio, cuando los fue escogiendo e instruyendo durante los tres años previos a Su Pasión y Muerte. Luego, a San Pedro lo hace Cabeza Visible cuando le pide la triple confesión: "Pedro, me amas más que estos". En otra oportunidad cuando los Apóstoles estaban reunidos, se les aparece y soplando sobre ellos les da potestad de perdonar los pecados. Queda establecida la Iglesia para aplicar a las almas, mediante la predicación Apostólica, el Bautismo y el perdón de los pecados, los méritos infinitos de Su Pasión. En Pentecostés la Iglesia es oficialmente "una, santa, católica y apostólica", de hecho, en el primer sermoncito de San Pedro se convierten y bautizan 3000 hombres...los méritos comienzan a ser aplicados a las almas a través de la Iglesia.

Por eso si hubiera bastado la Redención, a secas, con la Sangre de la circuncisión hubiera sido suficiente porque era la Sangre derramada del Hijo de Dios de valor infinito, pero la Voluntad del Padre es que en Cristo "todos sean uno". Por tanto, lo último en la ejecución -la constitución de la Iglesia- fue lo primero en la intención del Verbo Encarnado, desde siempre y concretada en sus tres años de vida pública, predicando y enseñando: "Me llamáis Maestro, y en verdad lo soy". Estaba poniendo –antes de Su Pasión- los fundamentos de Su Iglesia, a los Apóstoles les explica las parábolas: "¿Vosotros también estáis sin entendimiento?" les recrimina. Y entonces se las va  explicando.

El Verbo Encarnado, cumpliendo la Voluntad del Padre, primero pone los fundamentos de Su Iglesia, instituye el Orden Sacerdotal y la Eucaristía en la última Cena, luego  se va al Monte de los Olivos, donde a pesar de saber lo que se le venía, pide al Padre que se haga Su Voluntad y no la Suya, refiriéndose que está dispuesto a reparar el pecado de Adán sobreabundantemente, y finalmente colgado en la Cruz dice "Todo está cumplido": es decir, la creación de la Iglesia -fin primario de la Encarnación- y la Redención de los hombres -fin secundario de la Encarnación-  y encomendando su espíritu muere crucificado. El Verbo redime a los hombres del pecado de Adán, luego de haber creado el vehículo conveniente por donde serían aplicados sus méritos infinitos: La Iglesia. No al revés.

Hay un pasaje en el Evangelio que es el argumento fuerte donde apoyo lo que digo, que es cuando Jesucristo hace un anuncio de la futura Eucaristía diciendo que quien no coma su Carne y beba su Sangre no tendrá vida en él. Los que lo escucharon comenzaron a irse hasta que se quedó con los discípulos. Entonces preguntó: "¿Vosotros también queréis iros?" Y tomando la palabra Simón le dice: "Señor, ¿a quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna". Fue ahí cuando le anuncia el fundamento visible de Su Iglesia: "Y Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré MI iglesia, y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella".

Este anuncio solemne fue antes de afrontar Su Pasión, les va mostrando de a poco y según la inteligencia de ellos Su intención de fundar un Reino organizado, que dure hasta la consumación de los siglos, apoyado, como fundamento, en Su Sacerdocio eterno: "Tú eres sacerdote eterno, según el orden de Melquisedec". Jesucristo es el Sacerdote y la Víctima del Sacrificio, así era necesario continuar ofreciéndose al Padre en un Sacrificio eterno, mediante la continuación de Su sacerdocio, a traves de la Iglesia. La institución del Sacerdocio es anterior al Sacrificio de la Cruz. En la ültima Cena, los constituye sacerdotes para ofrecer Su Cuerpo y Su Sangre, hasta que entregue Su Reino al Padre, después del Juicio Final, cuando ya no será necesario ofrecer el Sacrificio.

 Y aquí podríamos hacer una breve reflexión sobre San Pedro. Recibe el aviso que será el jefe, no de un grupo de pescadores, sino del pequeño grano de mostaza que al crecer se hace árbol frondoso y alberga a los pájaros en sus ramas, parábola en la que está hablando del Reino. Le anuncia que será la Cabeza de la Iglesia. San Pedro en la Última Cena en un arrebato de amor le dice: Aunque todos te dejen yo no te dejaré, iré hasta la muerte Contigo", y Jesucristo le dice que no confíe en sus fuerzas porque antes que el gallo cante, él, lo habría negado tres veces. Lo que en realidad hizo. Y cuando sucedió, Cristo lo miró, y rompió a llorar amargamente porque se acordó.


Pero volviendo a la institución del Papado. Antes de la Pasión Jesucristo le hace el anuncio, y después de Resucitado lo confirma en el cargo, previa triple confesión. Por eso el Papa es en la tierra el hombre que más ama a Jesucristo: "Me amas MAS que estos". ¿Por qué no tenemos Papa? Porque Jesucristo aún no halló un hombre que lo ame desinteresadamente. Cada uno ama "su" obrita, "su" capillita, "su" seminario, "su" congregacioncita, “su” propia manera de entender la Doctrina, etc. etc. ¡¿Qué habrá que hacer para despierten del sueño, los Obispos y los Sacerdotes católicos sin cargo ni jurisdicción? Tienen los ojos cargados como los Apóstoles que se dormían en el Huerto momentos antes de comenzar la Pasión.

"Velad y orad para no entrar en tentación".

  Conocemos las respuestas que nos han dado: "El Papa no es necesario", "Todavía no es tiempo", "Estamos trabajando en ello" (?) "Esperamos que Dios haga el milagro", "Esto lo arregla Jesucristo con la Parusía”… todas excusas para seguir durmiendo.

 Sucumbieron a la tentación. Ofrezcamos nuestras plegarias para que comprendan que la Iglesia, a la que dicen pertenecer, no es la que fundó Jesucristo según fue pensada y querida desde toda la eternidad en el seno Trinitario, y se decidan, porque el Papa, Primado y Cabeza Visible de la Iglesia Católica es una institución de derecho divino que nadie puede abolir.

! Qué dolor para el Corazón de Jesucristo la nueva traición de los llamados a seguirle!

Que Dios nos conceda la gracia no sólo de haber sido llamados a formar parte de la Iglesia, sino que a través de Ella seamos escogidos y santificados para entrar en la gloria junto con Cristo Jesús por toda la eternidad!

  


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