Efectos de la Resurrección.
Queridos hermanos, me gustaría hacer una consideración – ya que entramos en el tiempo Pascual- acerca del “desconocimiento” que tuvieron los discípulos de Emaús, de Jesús resucitado, cuando caminó con ellos, los cuales no notaron nada extraordinario en Él, que les llevara a creer que se trataba del mismo Jesús, basta leer el relato que hace San Lucas para ello.
Lo mismo habría que decir cuando Santa María Magdalena lo confundió con el hortelano. ¿Cómo se entiende que ella, que lo conocía bien al “Rabboni”, no se diera cuenta que hablaba con Él?
Aún más, ¿de qué manera el Señor resucitado hace una hoguera en la playa y hace unos peces asados para convidar a los Apóstoles que se habían ido a pescar? ¿Cómo se compagina esta actividad material en un resucitado?
Antes de seguir indagando tengamos en cuenta que para que haya resurrección primero hay que morir, es decir, tiene que haberse separado realmente el alma del cuerpo e incluso manifestar signos de descomposición el cadáver, como para asegurar la muerte, tal como sucedió con Lázaro, el amigo de Jesús y hermano de Santa Marta y Santa María Magdalena, que hacía ya cuatro días que había muerto y ya hedía, lo que a las claras habla que su muerte era real. Sin embargo, Nuestro Señor lo resucita, o sea que vuelve a unir el alma al cuerpo, pero no de manera gloriosa, sino temporal, pues Lázaro volvió a morir siendo ya Obispo de Marsella. Nadie podía dudar que era la misma persona.
Por tanto ya podemos anotar algunas nociones: para que haya “persona” es necesario que los dos componentes que constituyen una persona humana sean dos naturalezas distintas pero complementarias e interconectadas de modo tal que lo que haga una repercuta en la otra, como por ejemplo, cuando tengo un dolor de cabeza no puedo pensar, o cuando tengo una preocupación o angustia tal se me produce una úlcera en el estómago: dos actividades que tienen como único sujeto a la misma persona, a tal punto que faltando una no se podría hablar de “persona”. Entonces habiendo dos naturalezas existen dos principios de actuar que son distintos entre sí, pero que se atribuyen a un único sujeto. Cuando digo “yo como” o “yo pienso”, soy yo mismo, no digo “mi cuerpo camina” ni “mi entendimiento conoce” ni “mi voluntad elige libremente”. No. Lo que digo lo atribuyo a mi yo: materia y espíritu, los dos componentes de la naturaleza humana que actúan teniendo el mismo sujeto: mi persona. Mi cuerpo solo no soy yo, ni mi alma separada de mi cuerpo tampoco soy yo. “Yo” soy el conjunto intrínsecamente unido y complementario de estas dos naturalezas en una única e incomunicable persona, lo cual es el resultado de esa unión, con la diferencia que el alma, principio espiritual, actúa en mí casi al modo material. Lo propio de la materia es lo puramente sensible, mientras que lo propio del espíritu es la búsqueda de lo intangible: el, bien, la verdad, la belleza.
Nadie se atrevió a pensar en todos los circunstantes del milagro que hizo Jesús con su amigo, al punto de negar la realidad de la resurrección, era el mismo Lázaro que había muerto y ahora vivía igual a como era antes: comía y hablaba y pensaba y tenía afectos, es decir ejecutaba acciones que corresponden a las dos naturalezas unidas a un solo yo, que es la persona.
Pero entonces ¿por qué los discípulos de Emaús no reconocieron a Jesús que caminaba con ellos? Pues tenemos que decir que la resurrección de Jesucristo no es temporal para volver a morir después como sucedió en los milagros de muertos que resucitó el Señor, no, una vez resucitado ya no muere más, lo cual indica que ya no está –nunca más- sujeto a los límites de la materia: el espacio y el tiempo, es decir, que su resurrección de entre los muertos no puede equipararse con ninguna otra resurrección, es única y gloriosa, y esto no significa que no tenga el mismo cuerpo material que tuvo antes, pasible de morir, no, es el mismo, al punto que si faltara algún componente no sería el mismo: “Mirad y ved que tengo carne y huesos” les dice a los Apóstoles, y ellos vaya si lo conocían. Uno de ellos metió sus dedos en las llagas, o sea, estuvo tocando Su Cuerpo, que no era una nube, ni plasma, ni nada ficticio, ni un fantasma, es más, comió con ellos para demostrarles que era Él mismo. Pero tenía facultades distintas, su Cuerpo material no estaba sujeto –nunca más- al hambre, a la sed, al dolor, etc., ya no está sujeto a los bordes o límites que impone a la materia: el espacio y del tiempo.
Y entonces, si era el mismo Cuerpo, ¿por qué no lo reconocieron? Porque es un nuevo modo de existir: Solamente sabemos que hay dos personas que viven de esa forma nueva. Cristo y su Madre, la Virgen María, que entraron a la eternidad en cuerpo y alma para vivir esa nueva vida, vida la cual Nuestro Señor les fue mostrando a los Apóstoles después de los tres días en que resucitó, es decir que la Resurrección no disminuye ni destruye la realidad de la materia, sino que la eleva a vivir de otra forma. La resurrección es una vuelta a la vida, porque el alma no puede morir y para que un resucitado sea una persona es indispensable volver a unir esas dos naturalezas que forman al hombre entero, entonces ¿de qué se trata? Pues de volver a unir lo que está vivo con lo que está muerto, por tanto, lo que resucita es el cuerpo completo, material, a vivir de una forma nueva y distinta a la que tenía antes de morir, pues si no existiera esta unión de la materia con el espíritu no podría llamarse resurrección de una persona, porque la persona es el sujeto de ambas realidades, esto quiere decir que lo que resucita es el cuerpo debido a esta acción de unir esta alma con el mismo cuerpo que era suyo antes de morir.
¿Qué es el cuerpo? Es siempre una estructura material regido y unidos sus componentes por un principio vital, que es el alma. Ni filosóficamente ni científicamente se puede hablar de un cuerpo espiritual. Esto es una contradicción. Entonces decir que resucitaremos con un cuerpo que no es material es absurdo. El cuerpo tiene una actividad por medio de cuatro fuerzas, a las que se llaman cuatro interacciones, las cuales lo manifiestan y permiten cada una de ellas a que tenga una determinada manera de actuar: la densidad, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil. Por tanto, el cuerpo es el conjunto material que está adaptado al espíritu y bajo el control del espíritu que es lo que da cohesión a pesar de los cambios temporales que yo tengo y siento en mi cuerpo, pues soy el mismo desde que nací hasta que moriré teniendo plena conciencia que soy yo mismo. Ahora bien, yendo a la resurrección de Cristo vemos cómo sólo en Él podemos saber lo que hace un cuerpo resucitado: entra en el Cenáculo donde están los Apóstoles sin abrir la puerta, habla, se deja tocar, come con ellos y desaparece luego sin salir por la puerta, como si se evaporase. Pero ¿y por dónde entró? Por ningún lugar. ¿Cómo se hace presente si no estaba? Es que no tenía que estar en ningún sitio porque el cuerpo deja de estar sujeto a los límites de espacio, puede estar en todos lados o en uno cuando quiere, y por esta razón no se lo puede encontrar cuando no quiere hacerse presente. No obstante, tiene SU Cuerpo real, lo tocan, come, asa un pescado a la orilla del lago, etc., tiene carne y huesos y posee todas las propiedades para actuar como un cuerpo humano, luego desaparece y aparece con los discípulos camino de Emaús y no le reconocen, porque no está sujeto a ninguna ley física que obliga que la materia de Su Cuerpo esté en una distribución determinada, por tanto, puede tener el aspecto que quiera, como con Santa María Magdalena que creyó que era el hortelano, y tan sólo lo reconoció cuando pronunció su nombre, al igual que los de Emaús lo reconocieron al partir el pan, y luego desapareció. Fue todo eso para demostrarles la realidad de la Resurrección, que era Él mismo, y pudieran de este modo ser testigos calificados y fiables de lo que había ocurrido, y así lo hicieron, y tan seguros estaban de esta realidad que dieron la vida como testimonio de la Resurrección de Cristo. Por eso la Fe se apoya en hechos reales testificados por testigos fiables: la Resurrección de Jesucristo es un hecho histórico comprobado y real. Y esto es así al punto que San Pablo llega a decir que si Cristo no resucitó, vana y vacía es nuestra Fe, y nosotros somos los más miserables de todos los hombres. Pero esto no es así.
Entonces como la resurrección de Cristo es prenda de la nuestra, la resurrección de la carne es algo tan real como la salida del sol, y resucitaremos con este mismo cuerpo nuestro, sólo que entonces estará obediente al espíritu y será al revés de antes de la resurrección: el espíritu domina y el cuerpo actúa a la manera y a las exigencias del espíritu, pues ya no habrá ni espacio ni tiempo: los límites de la materia, salvando las distancias, del mismo modo que Jesucristo resucitado. La diferencia es que nosotros seguiremos siendo una naturaleza humana completa, y Jesucristo es Dios-Hombre: dos naturalezas completas en una única Persona: la Segunda de la Santísima Trinidad.
Con gran valor daban los Apóstoles,
Testimonio de la resurrección de Jesucristo nuestro Señor, aleluya, aleluya.
Llenos del Espíritu Santo, anunciaban la palabra de Dios valerosamente.


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