Materia y forma
Eucaristía y Papado
El objeto y término de la creación primordial fue el todo subsistente; la materia y la forma fueron concreadas en el todo; desde entonces la materia es indestructible, la forma es engendrada y destruida con el compuesto del que depende para nacer y morir, como no es un alma, sino un hombre el que nace y muere. Así, es el compuesto lo que se clasifica en determinada categoría; es el cuerpo lo que entra en el género o predicamento de substancia y sus componentes; la materia y la forma se refieren a tal categoría sólo por reducción, como partes ordenadas y subordinadas al predicamento del todo. Estas explicaciones ayudarán a comprender el célebre texto de Aristóteles: "Materia prima non est quid, nec quale, nec quantum, nec áliquid eorum quibus ens determinatur". La materia prima no es quid, es decir, substancia específica llamada quidditas, pues ésta es un todo completo, mientras que la materia es elemento parcial, potencial, indeterminado, que únicamente existe en el compuesto por razón de la forma. No es quale, el sujeto adornado de cualidades, pues éstas necesitan previamente una substancia real que han de modificar. No es quantum, o sujeto dotado de cantidad, pues la cantidad es accidente que ya supone materia o substancia material. La cantidad sobreviene a la materia y la calidad a la forma, pero ninguno de estos dos accidentes existe fuera del compuesto. Tampoco es la materia ninguna de las cosas que determinan el ser, ninguna de esas categorías de accidente que, modificando la substancia constituida, la ponen en comunicación con otras cosas, como la relación, acción y pasión. Es sólo realidad radical, parte intrínseca de una substancia real. Y porque ella es esencialmente potencial e indeterminada, ni por milagro podrá existir jamás separada de la forma. Sería tal hipótesis una verdadera contradicción, pues todo lo que existe dotado de una esencia concreta, necesariamente se coloca en un grado específico, precisamente derivado de la forma substancial. Tal es la realidad que constituye a un ser en su especie o jerarquía propia. Siendo el oficio del acto completar la potencia, la forma determina la materia, la suscita, o hace existir, resultando de la mutua unión intrínseca el cuerpo físico. Todo cuerpo, por consiguiente; es un necesario compuesto de materia y forma. ¿Será preciso añadir que tampoco puede existir la forma sin la materia? No hablamos aquí de una forma espiritual, como el alma humana, que, no habiendo recibido su ser de la materia, puede vivir y obrar sin su concurso; nos referimos a una forma totalmente material, como la de la planta o del animal. La hipótesis ya no es aquí tan absurda y contradictoria como la de la materia separada de la forma. La forma es un acto que Dios puede sostener con su virtud. Si es cierto que necesita de un sostén, la potencia divina puede prestarle su apoyo superior. Así como en la Eucaristía sostiene los accidentes sin la substancia, podría milagrosamente conservar una forma corruptible, v.gr., el alma de una paloma fuera de la materia, y reuniría después al cuerpo de donde fue separada. Pero el orden natural exige que únicamente en el compuesto pueda existir la forma corruptible juntamente con la materia, pues el ser y el obrar pertenece al compuesto, no a sus elementos aislados. (Extraído de las veinticuatro tesis tomistas , del P.Hugón).
Aplicando esta doctrina al Papado, habría que sostener que milagrosamente Dios sostendría –como en la Eucaristía- en un hombre los accidentes, es decir, solo materialmente -como en la Eucaristía el color, el sabor etc.- privándolo permanentemente, por milagro, de su forma específica, que es la substancia, que lo constituye a tal hombre en Papa.
O sea, que Dios estaría obligado –no se sabe por qué- a mantener separadas en un Papa aquella forma sustancial que lo constituye en Papa, de su realidad material. Conservaría tan sólo los accidentes de Papa, pero separado sustancialmente de lo que lo hace un todo inseparable y completo. Pero además de este absurdo, Dios permitiría, por milagro continuo, que el que aparece tan solo como Papa material –por los accidentes- tuviera el cargo de Pastor Supremo de la Iglesia y pudiera predicar herejías y regir un Cuerpo apóstata y adulterado que no tiene las notas características y constitutivas de la Iglesia de Jesucristo. Esto es un absurdo, y Dios no hace esas cosas.
Todo agente intelectual – Dios es el máximo agente intelectual- obra con un fin determinado, pero ese fin ya fue expresado en la fundación de la Iglesia cuando Jesucristo constituyó como Roca Fundamental de todo el Cuerpo Místico a Pedro, uniéndolo a Sí mismo como Cabeza única de la Iglesia, y quiso que en ese cargo y ministerio tuviera perpetuos sucesores.
No se entiende por qué razón recóndita y nunca revelada habría en la Iglesia, como sucesor de San Pedro y Vicario de Cristo, alguien en el que sólo brillaran los accidentes del Papado, pero que en realidad no poseyera lo que lo constituye esencial y formalmente en completo Vicario de Cristo y Cabeza visible de la Iglesia, máxime en un tiempo de “gran apostasía” en el que quien aparece, accidental y materialmente, como Papa es el regente de un Cuerpo que ha creado una nueva religión idolátrica y apóstata, enemiga de Dios y de la Iglesia.
Creer que Dios tendría la obligación de mantener una situación indefinida y sin visos de solución es de una audacia intelectual ajena a la Fe católica, además de ser un impedimento –ajeno a la Voluntad expresa de Dios- que San Pedro tuviera legítimos sucesores. Si por tanto y debido a la muerte del último Pontífice la Sede está vacante, no es momento de inventar teorías descabelladas, sino de trabajar para que la Iglesia tenga un Pastor Supremo sucesor de San Pedro y Vicario de Cristo, pues los tiempos aún no se han acabado y la Iglesia Católica sigue militando sobre esta tierra y NECESITA el Principio y Fundamento de Fe, de gobierno y de magisterio hasta la Parusía de Nuestro Señor.
La Ramera, que tiene a uno que no es ni material ni formalmente Papa católico, no es la Esposa, que está con Sede vacante transitoria.


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