LIBERTAD Y FELICIDAD


"Sir -preguntó Sancho- es la libertad el anhelo supremo de corazón humano?" Distingamos -dijo el Quijote, una cosa es la "libertad" y otra el "libre albedrío" siendo este último la facultad de voluntad y razón. La "libertad" como la entiende el vulgo es "hacer lo que cada uno quiere", y en este sentido no puede llamarse propiamente "libertad" porque naturalmente se pierde o de modo personal o colectivo. El que es esclavo de sus vicios no es libre "para hacer lo que quiera", y por tanto cuando sucumbe a ellos, ha dejado de ser libre para convertirse en servidor y esclavo de lo que lo domina. Un pueblo que hasta ayer gozaba de libertad física en la que los habitantes podían entrar y salir de sus confines sin inconvenientes ni trabas, puede perderse, de hoy para mañana, por otro pueblo que lo subyugue, o por sus gobernantes tiranos que los someten a través del miedo o del terror. En estos sentidos dichos, de ninguna manera la "libertad" podría ser el máximo anhelo del corazón humano ya que es un "bien" factible de pérdida y el hombre devendría en el ser más desdichado. En cambio "el libre albedrío" que es la facultad del alma de querer y entender, no puede perderse por trabas externas. ¿Entiendes esto Sancho"? Intéligo. "Bien, demos un paso más, aclaró el Quijote, diciendo que la libertad es la facultad de elegir el bien, pues el mal nunca puede ser elegido sino bajo apariencia de bien. Y el bien, como es una propiedad del ser, se identifica con lo uno y con lo verdadero. Y el Ser sumo que es Uno, Bien y Verdad, no puede ser múltiple, por eso el hombre al elegir libremente  amar, servir y buscar la honra de Dios, adhiriendo su ser a Dios, Único en esencia y Trino en  Personas, se hace plenamente feliz, por eso el Señor y Maestro Jesucristo enseñó: "La verdad os hará libres" 

"Entonces", volvió a la carga, "aún perdiendo la libertad, se puede ser feliz?"

"Claro", respondió el Quijote, porque el supremo anhelo del corazón humano es la felicidad de poseer un bien verdadero que no pueda perderse nunca." Esto enseñan los Maestros:

Algo tiende a un fin en su acción o movimiento de dos modos:

1. En cuanto se mueve hacia sí mismo hacia el fin. Como el hombre, de modo que los seres dotados de razón se mueven así mismos en dirección a su fin, porque tienen el dominio de sus actos mediante el libre albedrio (facultad de voluntad y razón)

2. Cuando es movido por otro, por ejemplo, cuando la flecha se mueve al blanco cuando ha sido lanzada por el arquero. Los que no tienen razón tienden al fin por su natural propensión (afición) como movidos por otros y no por si mismos pues no conocen la razón del fin.

El fin último del hombre es Dios así como el fin del avaro es el dinero como objeto y también lo es la posesión del dinero como uso. Entonces el fin último del hombre en cuanto al objeto mismo lo es igualmente de todos los demás seres. Es Dios la felicidad

A) Las riquezas

Existen riquezas naturales, que desde el momento en que las satisfacemos, nuestros deseos se acallan.

También existen riquezas artificiales, el deseo de ellas no conoce límites y la razón se halla en que están al servicio de la lujuria. Por lo tanto la riqueza verdadera es el bien supremo (Dios). Cuanto más gustamos de este bien mas lo amamos y más no son indiferentes las demás cosas. “Los que se alimentan de mi tendrán mas hambre de mi” dice la Sabiduría divina

B) Los honores

El honor es el signo exterior y el testimonio de una perfección. Siendo fruto de la perfección, el honor lo es también, por lo tanto, los hombres virtuosos buscan la bienaventuranza, mientras que los ambiciosos trabajan solamente por el honor

C) La fama y la gloria

Nuestra felicidad no tiene por causa la gloria que dictaminan los hombres sino la que proviene de Dios. La gloria es una notoriedad grande y elogiosa. La gloria que otorgan los hombres con frecuencia es falsa. Dios por lo contrario, es infalible y la felicidad que otorga siempre es verdadera. La fama depende de un inconstante humor, por lo que es sumamente frágil y la felicidad exige la estabilidad y perpetuidad.

D) El poder

La felicidad consiste en el buen uso del poder, lo cual tiene lugar por medio de la virtud. Por ser el bien perfecto no debe ocasionar mal alguno. Pero dice Salomón “es un gran mal que he visto bajo el sol: las riquezas son conservadas para su mal por aquel que las posee” finalmente, nos dirigimos hacia la felicidad desde lo último de nosotros mismos y con movimientos brotados del interior pues nuestra tendencia es natural, en cambio lo bienes externos vienen de afuera y con frecuencia por azar.

E) Bienes corporales

Nosotros estamos a disposición de nuestra voluntad y de nuestra razón “al comienzo, Dios creo al hombre y lo dejo a su propio consejo” pero como no somos nosotros el bien supremo, estamos necesariamente orientados hacia algún fin exterior a nosotros, como lo es conservar la existencia. Esto se reduce a que todos los bienes del cuerpo están destinados a la perfección del alma.

F) La voluptuosidad (apetito o deseo)

El placer es un accidente propio, un atributo inseparable de la felicidad. Si se tiene placer es ante todo porque se posee un bien adecuado a nuestra naturaleza, sea una posesión real, una esperanza o en recuerdo. Y si es el bien perfecto es entonces la felicidad misma. Por lo tanto, la voluptuosidad corporal no está asociada al bien perfecto porque está unida a los bienes con que se sacian los sentidos y donde se hace uso de órganos físicos y por esta razón no puede haber felicidad.

G) La felicidad del hombre consiste

En la visión de Dios la felicidad no consiste en ningún bien creado. Solo es aquella que debe satisfacer todos nuestros deseos pues de lo contrario no sería nuestro fin último. Lo que busca nuestro corazón es el bien absoluto y lo absoluto solo podemos hallarlo en Dios, pues toda criatura no pasa de ser un bien parcial y limitado. Por tanto, solo Dios será nuestra felicidad.


 

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