SOBRE LA IGLESIA DE CRISTO

Capítulo VI del esquema de la Constitución Ecclesia Christi (Concilio Vaticano 1869-70)

 Una es la verdadera iglesia, y fuera de ella no debe esperarse la salvación.

 Así pues, habiéndose constituido este precepto divinamente en la iglesia, que los fieles del mismo Cristo estén unidos en ella y en la comunión de los sacramentos y de la doctrina al igual que los miembros del cuerpo están unidos bajo una cabeza visible; sostuvo y profesó constantemente la fe católica que una es la verdadera iglesia. En verdad, esto mismo lo enseña el Apóstol cuando escribe: ‘‘Un cuerpo y un espíritu ... un Señor, una fe, un bautismo1’’.

 Por esta razón, cualquier secta que se separa de la comunión de este cuerpo, no puede ser parte o miembro de la verdadera iglesia de Jesucristo. Pues, como Cristo no está dividido, así tampoco está su iglesia, a cuál quiso prefigurar como una «túnica sin costuras». Ni tampoco debe juzgarse que esté diversificada y difundida por múltiples reuniones, las cuales se glorían con el nombre cristiano, ni que ciertamente cada uno de ellas, que mantienen los artículos principales de la doctrina cristiana, estén incluidos en ella; por el contrario, esta Iglesia ha sido congregada toda en sí, [por lo cual] ella no reconoce a otros como suyos, sino a los que se adhieran por la externa y plena comunión.

 De ahí, pues, entienden todos ciertamente, cuán necesaria sea para conseguir la salvación unirse a la verdadera iglesia, que es una. «Pues hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, y no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres, por medio del cual podemos salvarnos2». Sin embargo, la religión de salvación no se halla en ninguna forma fuera de la iglesia de Cristo. Es claro que, ella había sido amada por Jesucristo, el cual se entregó a sí mismo por ella, a fin de que aquella iglesia sea santificada y mostrada como gloriosa, la cual no tiene mácula o arruga: se creyó que solo a ella le fue dispensada el fruto de la redención, la única esposa elegida, a cuál otra iglesia no tuvo junto a sí, que nutre y da a luz a los hijos de Dios; así no pueden tener como padre a Dios, los que no tienen como madre a la iglesia3.

 Así pues, debe evitarse el pestífero error como la opinión, la cual ampliamente y extensamente se propaga por la perfidia de ciertos hombres impíos: Con tal que, alguno haya ordenado sus costumbres a la norma de las cosas honestas y justas, por cualquier confesión de fe externa puede ser obtenida la salvación, o por varias sectas heréticas que estén separadas de la iglesia católica, también que esta salvación está bajo las diversas formas de la única verdadera religión, o que ciertamente no puede constar a cada uno de ellos la profesión genuina de la fe cristiana; finalmente que cualquiera [que esté] en comunión con alguna religión, en la cual haya sido educado y nacido, en cual sigue persistiendo, aun cuando dudase o reconociera de que su religión sea falsa, pueda salvarse. Estas perversas sentencias que se siguen, acostumbran aprehender a la iglesia misma, por esta razón, ella condena y proscribe a todas las sectas separadas de su comunión; así pues no entienden estos hombres, lo que enseña el Apóstol, «no hay ningún consorcio entre la justicia y la iniquidad, o entre la luz y las tinieblas, ni ninguna concordia entre Jesucristo y Belial4» 1 1. Eph. IV, 4-5. 2 2. I Timoth. II, 5; Act. IV, 12. 3 S. Cypr. de unit. eccl. 4 II. Cor. VI, 14-15.

 Definición dogmática

Nos ciertamente apoyados con la doctrina y con la evidente tradición de los padres, adhiriendo a los decretos de los concilios y de nuestros predecesores, definimos ser dogma de fe católica, que fuera de la una iglesia de Cristo no hay ninguna esperanza de salvación.

 En verdad, declaramos ser este el sentido del dogma: que todos, los que mueren, ya sea que ignoren a la iglesia por su culpa, ya sea que conociéndola no hayan ingresado, o que ingresados en ella no perseveraran, no escaparán de la ruina eterna. En cuanto a esto, si estos ignoran a la iglesia por ninguna falta suya, no sólo por esta ignorancia no están sujetos a las penas ante el justo Dios, sino también si guardan la ley escrita que Dios les ha proporcionado en sus corazones, y que están dispuestos a obedecerle en todo, pueden conseguir la vida eterna y la justificación por la divina gracia que obra en virtud de los méritos de Jesucristo. Sobre esto, si alcanzan la salvación, no por eso son hechos salvos fuera de la iglesia, puesto que como pertenecen al espíritu, y por ello pueden pertenecer al espíritu, debido a que su voluntad está impedida de llegar a la externa comunión.

 [CANON 1]: Si alguno dijere que, todas las sectas o algunas, las cuales disienten de la iglesia Romana, junta a ella componen la religión universal de Jesucristo; sea anatema.

 [CANON 2]: Si alguno negare, que es necesario para conseguir la salvación eterna, abandonar cualquier otro culto religioso, ingresar a la verdadera iglesia de Jesucristo, y en cual fielmente debe perseverar; sea anatema.

 [CANON 3]: Si alguno dijere, que no puede constarle al hombre acerca {de cual sea} la verdadera iglesia; sea anatema.

[CANON 4]: Si alguno dijere, que la iglesia no obra según precepto divino, sino por excesiva intolerancia cuando proscribe y condena a las sectas separadas de su comunión; sea anatema.

 

 


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