Hay un enigma sobre Ap XIII, 18: En el “Comentario del Apocalipsis de San Juan” de Beato de Liebana, este santo comentando Ap XIII, 17, en su versión del Apocalipsis aparece: “… comprar nada, ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la bestia o con la cifra de su nombre”. En el versículo siguiente, el 18, su versión del siglo VIII dice: “Aquí se requiere sabiduría. Que el inteligente calcule la cifra de la bestia, pues se trata de la cifra de un hombre.
Pregunta: ¿ Existen indicios de que la frase “su cifra es seiscientos sesenta y seis” puede haber sido un añadido a [Ap XIII, 18] en tiempos del siglo VIII.? Observemos además que el mismo versículo alude a “calcular sagazmente la cifra” por lo que parecería absurdo que a continuación se nos dé ella ya escrita.
Otra pregunta posterior tendría relación con las variantes de la cifra 666, pues recuerdo haber leído algunas variantes como 616… pero dejémoslo esto por ahora.
Antes que nada conviene recordar la advertencia de San Juan XXII, 18 y ss.: “Yo advierto” dice el texto. ¿Quién advierte, el Apóstol, el Ángel que le prohíbe arrodillarse para adorarlo, o el mismo Jesucristo que es quien da la revelación y es -además- el objeto de la misma? Fuera quien fuera tiene la autoridad suficiente como para “advertir” lo que “advierte”: Dice categóricamente “a todo el que oye las palabras de las profecías de este libro: Si alguien AÑADE a estas cosas, le añadirá Dios las plagas escritas en este libro; Y si alguien QUITA de las palabras del libro de esta profecía, le quitará Dios su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, que están descritos en este libro. El que da testimonio de esto…” ¿de quién se trata?… ¿Quién dice lo que dice? pues “dice: “Sí, vengo pronto” (Otra referencia al mismo Jesucristo que abre y cierra el Libro) Y San Juan escribe: “¡Así sea, ven Señor Jesús”…”
La maldición que recae hasta el fin de los tiempos desde que fue revelado este Libro de la Profecía, no es otra que el lago de fuego o lo que es lo mismo, el Infierno eterno. Por tanto no debe tomarse a la ligera. No parece que alguien -copista, traductor, comentador- tuviera la tremenda osadía de AÑADIR su propia condena. Es más, ¿Qué certeza habría de no haber sido objeto de mutilaciones y añadidos este Libro a lo largo de los siglos? Pues es la misma Iglesia que declara en el IV Concilio de Toledo y ordena, en el año 633: “La autoridad de muchos concilios y los decretos sinodales de los Santos Pontífices romanos prescriben que el Libro del Apocalipsis es de Juan el Evangelista y determinaron que debe ser recibido entre los Libros divinos, pero muchos son los que no aceptan su autoridad y tienen a menos predicarlo en la Iglesia de Dios. Si alguno, desde hoy en adelante -año 633- , o no lo reconociera, o no lo predicara en la Iglesia durante el tiempo de las Misas, desde Pascua a Pentecostés, tendrá sentencia de excomunión.”
Respecto a la “cifra 666” hay que decir que tanto en hebreo como en griego y en latín los números son expresados con letras. Es importante tener en cuenta siempre en la lectura de las Profecías, lo del “tipo” y el “antitipo”. San Juan escribe la Revelación que recibe bajo el tiempo de un tirano Emperador teniendo presentes las crueldades de Nerón como “tipo” del Anticristo pero no lo nombra, pues no sería Nerón el Anticristo verdadero y último, es decir, el “antitipo” del final. Emplea el número 666 para designarlo y en letras hebreas surge el nombre de “Cesar Nerón”, lo que es aceptado en la exégesis. El “cambio” a 616 es muy improbable y hubiera sido para que en latín diera “Nero Caesar”. Con respecto a que el Beato de Liébana no pone el 666, será simplemente porque no habrá querido complicarse y directamente -sin suprimirlo- no lo comenta. Lo cierto es que nadie sabrá o sabe el nombre del “antitipo” del que San Juan escribe hasta que aparezca, pero es seguro que será o ya es un ser personal, “un plebeyo de satánica grandeza” como dice Donoso Cortés, que encarnará en sí mismo todo el odio a Dios trasmitido por su padre el “Dragón” y será la cabeza de un gran Imperio Anticristiano y Ateo en el que, gracias a la falsa iglesia que usurpa el Vaticano con el nombre de "católica" que regentea el Falso Profeta-a quienes despreciará y se servirá de ellos según convenga- se hará adorar como si fuera “Dios”. Yo soy de la idea que reinará en Jerusalén, pues ahí son muertos los Dos Testigos, ahí resucitan, y luego del terremoto que se produce, el antiguo pueblo se convierte y va “a postrarse a los pies” de la Iglesia pidiendo el bautismo de conversión, “y reconocerán que Yo te he amado” dice Jesucristo en el final del período sexto, la Iglesia de Filadelfia. Conclusión: “Bienaventurado el que lee y los que escuchan las palabras de esta profecía y guardan las cosas en ella escritas, pues el momento ESTA CERCA”. (I,3)
¿Quién podría desear que no se “acorten” esos días?
Hay un enigma sobre Ap XIII, 18: En el “Comentario del Apocalipsis de San Juan” de Beato de Liebana, este santo comentando Ap XIII, 17, en su versión del Apocalipsis aparece: “… comprar nada, ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la bestia o con la cifra de su nombre”. En el versículo siguiente, el 18, su versión del siglo VIII dice: “Aquí se requiere sabiduría. Que el inteligente calcule la cifra de la bestia, pues se trata de la cifra de un hombre.
Pregunta: ¿ Existen indicios de que la frase “su cifra es seiscientos sesenta y seis” puede haber sido un añadido a [Ap XIII, 18] en tiempos del siglo VIII.? Observemos además que el mismo versículo alude a “calcular sagazmente la cifra” por lo que parecería absurdo que a continuación se nos dé ella ya escrita.
Otra pregunta posterior tendría relación con las variantes de la cifra 666, pues recuerdo haber leído algunas variantes como 616… pero dejémoslo esto por ahora.
Antes que nada conviene recordar la advertencia de San Juan XXII, 18 y ss.: “Yo advierto” dice el texto. ¿Quién advierte, el Apóstol, el Ángel que le prohíbe arrodillarse para adorarlo, o el mismo Jesucristo que es quien da la revelación y es -además- el objeto de la misma? Fuera quien fuera tiene la autoridad suficiente como para “advertir” lo que “advierte”: Dice categóricamente “a todo el que oye las palabras de las profecías de este libro: Si alguien AÑADE a estas cosas, le añadirá Dios las plagas escritas en este libro; Y si alguien QUITA de las palabras del libro de esta profecía, le quitará Dios su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, que están descritos en este libro. El que da testimonio de esto…” ¿de quién se trata?… ¿Quién dice lo que dice? pues “dice: “Sí, vengo pronto” (Otra referencia al mismo Jesucristo que abre y cierra el Libro) Y San Juan escribe: “¡Así sea, ven Señor Jesús”…”
La maldición que recae hasta el fin de los tiempos desde que fue revelado este Libro de la Profecía, no es otra que el lago de fuego o lo que es lo mismo, el Infierno eterno.
Por tanto no debe tomarse a la ligera. No parece que alguien -copista, traductor, comentador- tuviera la tremenda osadía de AÑADIR su propia condena. Es más, ¿Qué certeza habría de no haber sido objeto de mutilaciones y añadidos este Libro a lo largo de los siglos? Pues es la misma Iglesia que declara en el IV Concilio de Toledo y ordena, en el año 633: “La autoridad de muchos concilios y los decretos sinodales de los Santos Pontífices romanos prescriben que el Libro del Apocalipsis es de Juan el Evangelista y determinaron que debe ser recibido entre los Libros divinos, pero muchos son los que no aceptan su autoridad y tienen a menos predicarlo en la Iglesia de Dios. Si alguno, desde hoy en adelante -año 633- , o no lo reconociera, o no lo predicara en la Iglesia durante el tiempo de las Misas, desde Pascua a Pentecostés, tendrá sentencia de excomunión.”
Respecto a la “cifra 666” hay que decir que tanto en hebreo como en griego y en latín los números son expresados con letras. Es importante tener en cuenta siempre en la lectura de las Profecías, lo del “tipo” y el “antitipo”. San Juan escribe la Revelación que recibe bajo el tiempo de un tirano Emperador teniendo presentes las crueldades de Nerón como “tipo” del Anticristo pero no lo nombra, pues no sería Nerón el Anticristo verdadero y último, es decir, el “antitipo” del final. Emplea el número 666 para designarlo y en letras hebreas surge el nombre de “Cesar Nerón”, lo que es aceptado en la exégesis. El “cambio” a 616 es muy improbable y hubiera sido para que en latín diera “Nero Caesar”. Con respecto a que el Beato de Liébana no pone el 666, será simplemente porque no habrá querido complicarse y directamente -sin suprimirlo- no lo comenta. Lo cierto es que nadie sabrá o sabe el nombre del “antitipo” del que San Juan escribe hasta que aparezca, pero es seguro que será o ya es un ser personal, “un plebeyo de satánica grandeza” como dice Donoso Cortés, que encarnará en sí mismo todo el odio a Dios trasmitido por su padre el “Dragón” y será la cabeza de un gran Imperio Anticristiano y Ateo en el que, gracias a la falsa iglesia que usurpa el Vaticano con el nombre de "católica" que regentea el Falso Profeta-a quienes despreciará y se servirá de ellos según convenga- se hará adorar como si fuera “Dios”. Yo soy de la idea que reinará en Jerusalén, pues ahí son muertos los Dos Testigos, ahí resucitan, y luego del terremoto que se produce, el antiguo pueblo se convierte y va “a postrarse a los pies” de la Iglesia pidiendo el bautismo de conversión, “y reconocerán que Yo te he amado” dice Jesucristo en el final del período sexto, la Iglesia de Filadelfia.
Conclusión: “Bienaventurado el que lee y los que escuchan las palabras de esta profecía y guardan las cosas en ella escritas, pues el momento ESTA CERCA”. (I,3)
¿Quién podría desear que no se “acorten” esos días?