ANOTACIONES

 

NOTAS SUELTAS SOBRE EL APOCALIPSIS.

Sardes significa “ruptura” y manifiesta claramente el tiempo del Protestantismo; Laodicea o “juicio de los pueblos” se refiere evidentemente al final de la Historia, o sea, Última Iglesia o Reino Temporal extendido sobre toda la tierra, floreciente y previo al Juicio Final. Por tanto, el período apropiado para nuestro tiempo, estando ya casi al término de él, es el de Filadelfia, en el que representa manifiestamente la vacancia de la Sede de San Pedro, y debe interpretarse junto con el capítulo XII y XIII, corresponde también el Cuarto Caballo (la Muerte) que es el mismo, Anticristo, y el Sexto Sello, tiempo en el que es volcada la Copa sobre el Éufrates para que se seque (Y ya se secó) para que Oriente domine sobre Occidente.

 Destrucción de Roma.

Es el Anticristo mismo, junto con los poderes del mundo y sus gobernantes a él sometidos, que destruirán a Roma, primero debe ser anunciado desde Roma como el “mesías” esperado. Al ir cobrando poder mundial , los textos sagrados indican que sederá en Jerusalén, donde martiriza a los Dos Testigos y es hundido junto con el Falso Profeta en el Infierno al momento de la Parusía de Nuestro Señor.

Con respecto a la profecía de San Malaquías, todo indica que Petrus Romanus será el Papa que regirá la Iglesia con cetro de hierro, “hijo” de la Parturienta, Iglesia del período final de Filadelfia, todo lo opuesto al Falso Profeta e Impostor de la Gran Ramera.

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La misma profecía de San Malaquías dice claramente que el último Papa será Petrus Romanus y que apacentará sus ovejas en la extrema persecución y al cabo de la Cual el Juez Terrible-Nuestro Señor Jesucristo- juzgará al mundo. No se contradice en absoluto con la Profecía de San Juan que revela que después de la última (extrema) persecución a la Iglesia por el Anticristo y con la Segunda Venida del Justo Juez (Terrible en el Dia de la Ira) comienzan los “Mil años”, previa encadenación y sujeción del Diablo, y el descenso, vivos, al Infierno (el estanque de fuego y azufre) de las dos Bestias: el Anticristo y el Falso Profeta. Previo a estos acontecimientos Roma queda destruida “en una hora”, y es literal, no metafórico. No es el fin del mundo, antes Jesucristo TIENE que reinar en este mundo, pues todas las profecías de los antiguos Profetas hablan que reinará “en esta tierra”. El mismo delante de Pilatos dijo: “AHORA mi reino no es de este mundo”, pues debía cumplir la Voluntad de Su Padre de fundar la Iglesia Visible a través de la cual Sus méritos infinitos serían aplicados, por ella, a las almas redimidas,  y de redimir al género humano. Pero en Su Segunda Venida tomará posesión de Su reino.
 Que falten muchos siglos contrasta con el sentido de la Escritura. No es “devanarse los sesos” estar atentos a las “señales”, sino mandamiento expreso de Nuestro Señor, y una de las señales más claras es la Apostasía constituida en Religión Idolátrica. ¿Pareciera posible que podría continuar esta situación varios siglos más? Este “optimismo” no parece adecuarse a los acontecimientos profetizados por San Juan.

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 Los Dos Testigos son contemporáneos al Anticristo y al Falso Profeta, aunque este último aparece en la escena del mundo antes, jerarca de la Gran Ramera, para preparar el camino del Anticristo, llevando la disolución del catolicismo hasta su grado extremo y apto para aceptar al Anticristo como “mesías”. Esta disolución comenzó  a formarse como cuerpo organizado contrario a la Iglesia Católica luego de la muerte de Pio XII, constituyéndose en la “Madre de las abominaciones de la tierra”, la que con sus engaños y hechicerías hace idolatrar a los habitantes de la tierra, que ya lleva casi sesenta y dos años en esta disolvencia y, con el “embaucador”  y Falso Profeta  en su cumbre, todo está preparado -quitado ostensiblemente el Sacrificio Perpetuo y el Pontificado Romano: el doble “obstáculo” que habla San Pablo- para que con la aparición del Anticristo quede consumada la Apostasía. 

Esto debe suceder en Roma, la Ramera de los últimos tiempos, como dice San Juan, por eso su destrucción es inminente, y será “en una hora”, señala el Apocalípsis, probablemente efecto de una bomba nuclear. El mundo enemigo de Dios se sirve de la Ramera, pero la odia, y el designio divino es que sea el “mundo” quien la destruya. Los pormenores no los conocemos. Pero mientras tanto la Parturienta Mujer revestida del sol, la Iglesia Católica del período de Filadelfia “que tiene poca fuerza”, fiel a la Palabra y al Nombre de Cristo, gime por los dolores del parto, y dará a luz al que debe regir el mundo con cetro de hierro, que es el último Papa: Petrus Romanus. Mientras tanto y contemporáneos a estos acontecimientos Dios envía a dar su “testimonio” a los Dos Testigos. Uno para predicar la conversión de Israel y el otro a los Gentiles, subordinados al Vicario de Cristo quien aceptará la entrada a la Iglesia al Israel convertido. El triunfo más grande de la Iglesia “con poca fuerza”, Filadelfia, es la que tendrá en su seno a los judíos convertidos y al pequeño rebaño de católicos fieles que no recibieron la “marca” del Anticristo y hayan quedado vivos de la persecución desatada, que anuncian Daniel Profeta y San Juan.

Nota: No ignoramos que este Visión tiene varias aplicaciones, casi todas en sentido acomodaticio, pero si aplicamos a ella el sentido literal-metafórico, podría tratarse de la conversión de Israel, que da a luz con dolores de parto al Hijo de Dios, reconociéndolo por el verdadero Mesías -el mismo que una vez fue rechazado por ellos cuando pidieron su Crucifixión- por eso que el Dragón está a la expectativa para devorarlo ni bien nazca, conociendo la importancia que Israel tiene en los planes divinos una vez entrado a la Iglesia, por esa razón San Miguel Arcángel lucha contra Satanás para impedir que devore al recién nacido a la Fe, y lo arroja a la tierra al Dragón, que se va a perseguir a los cristianos fieles, y la Mujer huye al desierto donde Dios mismo la alimenta como hizo cuando sacó de Egipto a los hebreos en tiempos de Moisés. Coinciden los tres años y medio con la predicación de los Dos Testigos, así como con el período sexto de la Iglesia: Filadelfia. Y dice el texto sagrado que el Dragón se apostó sobre la arena del mar, y desde el mar hace surgir al Anticristo, el resumen de las cuatro bestias del Profeta Daniel.

 Roma fue destruida, ¿dónde sederá Petrus Romanus? Sea donde sea “ubi Petrus, ibi Ecclesia” (donde está Pedro está la Iglesia), y cuando hayan acabado su “testimonio” (los Testigos) el Anticristo les quitará la vida y sus cadáveres yacerán en la plaza de la Gran ciudad,” que es también el lugar (la ciudad) donde el Señor de ellos fue crucificado” dice el texto.
Estamos muy cercanos a que ocurran estas cosas, por eso nosotros nos hemos impuesto trabajar por la reconstrucción de la Jerarquía Católica, principiando por su Cabeza, el legítimo Sucesor de San Pedro y Vicario de Cristo, que creemos será el último antes de la Parusía.

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 El Apocalipsis no es una Profecía “lineal”. San Juan escribe de otra forma. Toma una idea, la deja, vuelve con la primera pero esta vez más cerca del fin, va intercalando visiones que se tocan en punto y aclaran la anterior, y así hasta llegar al final. Por eso que el Apocalipsis debe entenderse con el mismo Apocalipsis y con las Profecías de la Escritura, teniendo presente la Historia y las “señales” que están expresamente mandadas para conocer “la proximidad del verano”, como expresa Nuestro Señor, o como dice San Juan, “las cosas que han de suceder pronto”. San Juan escribía “lo que ha de suceder” hace dos mil años, razón por la cual, muchas cosas ya han sucedido y nosotros nos encontramos en el período pre-parusíaco de la Iglesia de Filadelfia, pero no al principio, sino al final de ella; por tanto, hay que observar en el texto de la Profecía las visiones que corresponden con este período: ¿Cuál Caballo? O ¿cuál Sello? O si las Tubas ya produjeron sus efectos en el mundo-mundano, etc., sin olvidar que es PROFECIA y que por tanto antes de leerlas hay que pedir luz a Aquel que la inspiró, que no puede engañarnos al revelar “lo que ha de suceder pronto”. 

 

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