PENSEMOS
Pensemos.
El Apóstol San Juan en su primera
Carta hace una distinción entre anticristos y Anticristo. Es en el único lugar
que aparece este nombre en la Sagrada Escritura. Ya San Juan conocía a través
de las Visiones del Apocalipsis de qué y de quienes se trataba: “…todo espíritu
que no confiesa a Jesús, no es de Dios, sino que es el espíritu del Anticristo”
(IV,3). Ahora bien, “espíritu” es designado como aquello que informa un cuerpo,
y en este caso, “es el espíritu del Anticristo”, o sea, perteneciente al Cuerpo
“místico” del Anticristo, el que viene a “la hora final” (II,18) como persona
singular, pero como conocemos que “muchos se han hecho anticristos, conocemos
que es la última hora”, lo que significa que son los “anticristos” constituidos
en Cuerpo contrario a Cristo los que preparan la aparición del Adversario de
Cristo en el Mundo ( La Gran Ramera, representante del mundo anticristiano y de
forma particular de la Roma Apóstata paganizada e idólatra) , e impulsada su soberbia por la Apostasía reinante, surgirá
el Adversario personal de Cristo, el “sin Ley”, el “Inicuo”, el que querrá
arrebatarle el honor y la gloria a Cristo, intentando ocupar su lugar “hasta
sentarse en el templo de Dios queriendo ser adorado como si fuera Dios”, dice
San Pablo en II Tesalonicenses, como
coronamiento del Misterio de Iniquidad.
Entonces, nos preguntamos, ¿quién
hace cesar el Sacrificio Perpetuo, siendo así que el Cuerpo que informa el
“espíritu del Anticristo”, es decir, la Ramera apóstata e idolátrica
constituida en Religión oficial del Anticristo, la Roma embaucadora y mendaz,
son sus miembros eminentes, también ellos, “anticristos”? ¿Es que ha cesado el
Santo Sacrificio Perpetuo? ¿Es que el Anticristo personal ya ha aparecido?
Tenemos que responder que no a las
dos preguntas.
Los signos enumerados por San Roberto
Belarmino, dos están prácticamente cumplidos: la predicación a todo el mundo
del Evangelio y la devastación del Imperio Romano. Los Dos Testigos estarían
prontos a aparecer para dar su testimonio, y los últimos dos, pensamos que
serán cumplidos con la aparición del Anticristo personal y su tiranía religiosa
y política, persiguiendo a muerte a la Iglesia Católica y pretendiendo culto de
latría, constituyendo la “abominación de la desolación en el lugar santo”.
Esto nos lleva a concluir que de
entre los “anticristos de la última hora”, surgirá el “Anticristo” personal,
siniestro y seductor, poseso y adorador de Satanás, parecido a Cristo, pero lo
odiará al extremo de pretender ocupar el lugar que el Padre preparó al Verbo
Encarnado desde toda la eternidad: el de
Señor y Rey.
La Ramera y el Mundo anticristiano están a
punto de dar a luz al Anticristo personal, que estará ejerciendo su tiranía satánica durante tres años y medio de la última semana profetizada por Daniel.



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