APOCALIPSIS, CAPÍTULO XX
APOCALIPSIS, CAPITULO XX.
Como estuvimos tratando sobre el Reino, ahora vamos a intercalar, entre
los versículos de la Profecía de San Juan, y mostrar y ver cómo se hace para
desintegrar el sentido literal de género profético, interpretando
alegóricamente, es decir, dando al texto un sentido distinto del que fue
revelado. No nos cabe duda que esto desatará el histerismo clerical de algunos
que se creen los actuales inquisidores anclados en la exégesis alegórica y
contribuyendo con su obstinación a hacer creer que se puede hacer decir a la
Escritura cualquier cosa.
Les preguntamos a estos leguleyos: Si
el Espíritu Santo, autor principal de la Santa Escritura, no quiso decir lo que
dijo, y debieron venir los alegoristas para “explicitar” el sentido obvio del
texto, ¿por qué no dijo entonces lo que quiso? ¡Seguramente nos responderán que
no somos quienes para entender la Profecía…y menos al Espíritu Santo!
¡Pero, mal que les pese, lo que el
Espíritu Santo quiso decir, es lo que dijo! Leamos el texto crudo
con las “explicaciones” de los alegoristas, y notaremos que son deudores de la
interpretación de un hereje donatista llamado Tyconius. Aunque ya no exista el
comentario de este hereje, sin embargo sí tenemos el comentario de San Agustín
en el capítulo XX de la ciudad de Dios, que repite la misma exégesis –léase
bien, decimos “la exégesis”, no la herejía donatista de Tyconius- y es después
del siglo V la que se ha impuesto como contrapartida al milenisno carnal de
Cerinto, y que hizo abandonar la interpretación literal de la Tradición de los primeros siglos sin que por eso haya
sido condenada por la Iglesia, cosa que nunca lo será.
Leamos, tal vez con asombro, las
extravagancias estrafalarias de los alegorístas:
“Y
vi un ángel que descendía del cielo”: Este Ángel es Jesucristo. (Los
comentadores serios, siguiendo el texto,
dicen que “un Ángel” es un Ángel, pues si fuera Jesucristo, San Juan lo hubiera
llamado o bien “el Señor”, o bien “el Hijo del Hombre”, pero nunca llamaría a
Jesucristo “un Ángel.
“y tenía en su mano la
llave del abismo y una gran cadena. Y se apoderó del dragón, la serpiente
antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo encadenó…”: Esto sería lo que hizo Cristo en su Pasión. O sea que San Juan está
viendo el triunfo de Cristo Rey, pero retrocede a la época de la Pasión y
Muerte, pero la Historia es testigo que el Diablo no quedó “encadenado”.
“…por mil años…”: es decir durante todo el tiempo que transcurre desde Cristo al
Anticristo. O sea que “mil años” pueden
ser mil o dos mil o tres mil…o lo que cualquier alegorista quiera.
“…y lo arrojó al
abismo…”: es decir, en el corazón de los
impíos. Por favor, quisiéramos leer un texto de la Escritura que corrobore esta
“exégesis”.
“…y lo cerró…” así no puede pasar al corazón de los buenos. Es decir que “los buenos”
pueden quedarse tranquilos porque el Diablo no puede tocarlos ni tentarlos…Pero
la realidad histórica y personal de cada uno sabe que no es así.
“…y sobre el cual puso
sello…”: porque no sabemos quién pertenece a
Cristo y quién no. Por tanto, ni siquiera pudiéramos tener la certeza moral de
estar en Gracia que nos hace hijos de Dios y coherederos del Cielo en
Jesucristo
“…para que no seduzca
más a las naciones…”: es decir, a la Iglesia. (¿?)
“…hasta que se hubiesen
cumplido los mil años, después de lo cual ha de ser soltado por poco tiempo.”: que sería el tiempo del Anticristo con el fin de seducir no se sabe a quién,
si a la Iglesia, si a todos….pero nadie sabría cuándo se hubiesen cumplido “los
mil años” o más, por tanto nunca podríamos saber si la Apostasía precursora del
Anticristo, ya fue, o faltan todavía miles de años para que ocurra, por tanto
nunca podríamos estar seguros de los preámbulos que anuncian la Parusía de
Nuestro Señor.
“Y vi tronos; y
sentáronse en ellos y les fue dado el juzgar…”: serían los obispos católicos.
“Y vi a las almas de
los que habían sido degollados a causa del testimonio de Jesús y a causa del
Verbo de Dios…”: estos serían los mártires y los
justos en general, cuando en buena exégesis, se trata de los mártires últimos,
muertos por el Anticristo.
“Y a los que no habían
adorado a la Bestia ni a su imagen…”: es decir, todos los
cristianos de todos los tiempos que no tuvieron fe fingida.
“Ni habían aceptado la
marca en sus frentes ni en sus manos…”: es decir, los que no
profesaron ni obraron iniquidad.
“Estos vivieron…”: con la vida de la Gracia.
“Y reinaron con Cristo
mil años…”: es decir, todos los cristianos,
porque “servir a Cristo es reinar”, todo este tiempo, que ya van más de dos
mil.
“Los restantes de los
muertos…”: es decir, los impíos.
“…no vivieron…”: con la vida de la Gracia.
“…hasta que se cumplan
los mil años.”: ¿entonces vivirán? Nooo!
Resucitarán para ser juzgados.
“Esta es la primera
resurrección”: o sea, la resurrección a la vida de
la Gracia, dicen los alegoristas. O sea que la “primera resurrección” de
quienes se dice en el versículo siguiente que son bienaventurados y santos,
serían los impíos: los restantes de los muertos, sobre los que tiene “poder la
segunda muerte: el lago de fuego, donde son lanzados los que no fueron hallados
escritos en el Libro de la Vida. Así que San Juan estaría alabando a los
réprobos. La Pontificia Comisión Bíblica ha condenado en su Decreto del 20 de agosto de 1941 los abusos del
alegorismo, recordando una vez más la llamada “regla de oro”, según la cual de
la interpretación alegórica no se pueden
sacar argumentos.
“Bienaventurado y santo
el que tiene parte en la primera resurrección. Sobre estos no tiene poder la
segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, con el cual
reinarán los mil años”.: es decir que la primera
resurrección sería el Bautismo, y la segunda resurrección para el juicio sería
también…la resurrección.
En fin, esta “exégesis” estrafalaria
sería ni más ni menos un gran “abuso del alegorismo”, condenado, como vimos.




Comentarios
Publicar un comentario